22 de septiembre de 2025 a las 09:15
Silencio o demanda.
La sombra de la censura se cierne sobre el periodismo estadounidense. El presidente Trump, con su estilo combativo y su aversión a la crítica, ha desatado una ola de demandas y presiones que amenaza con silenciar a la prensa. La reciente destitución de Jimmy Kimmel y las multimillonarias demandas contra The Wall Street Journal y The New York Times son ejemplos alarmantes de esta tendencia. Estos casos no son simples anécdotas aisladas, sino síntomas de un mal mayor: la creciente dificultad de ejercer el periodismo independiente en un clima de intimidación y represalias.
La defensa de la libertad de expresión se ha convertido en una batalla cuesta arriba, donde los periodistas se enfrentan a un dilema angustioso: la autocensura o la ruina. Defenderse de una demanda presidencial implica un costo económico exorbitante, accesible solo para los grandes consorcios mediáticos. Los periodistas independientes y los pequeños medios de comunicación quedan a merced del poder, expuestos a la cárcel y a la pérdida de sus bienes. La situación de Kimmel, despedido tras las presiones ejercidas sobre la cadena ABC, ilustra la vulnerabilidad de los comunicadores ante el poder político y económico. La amenaza de perder la licencia de transmisión fue suficiente para que la cadena sacrificara a uno de sus empleados, priorizando sus intereses económicos sobre la libertad de expresión.
Este panorama sombrío nos obliga a reflexionar sobre el futuro del periodismo en Estados Unidos. ¿Estamos presenciando el ocaso de la prensa libre e independiente? La creciente influencia del dinero en los medios de comunicación y la intimidación por parte del poder político dibujan un futuro preocupante. La autocensura, impuesta por el miedo a las represalias, se convierte en la norma, mientras que las voces disidentes son silenciadas. La sociedad, privada de información veraz y crítica, se vuelve vulnerable a la manipulación y la desinformación.
La solidaridad entre periodistas, aunque loable, se muestra insuficiente ante la magnitud del desafío. La defensa de la libertad de expresión requiere un esfuerzo conjunto de la sociedad, una defensa férrea del derecho a la información y una condena enérgica a cualquier intento de silenciar a la prensa. No podemos permitir que el dinero y el poder político amordacen a quienes tienen la responsabilidad de informar y fiscalizar al poder. El periodismo, como pilar fundamental de la democracia, debe ser protegido de las presiones e intimidaciones, para garantizar una sociedad informada y libre.
La ironía es palpable. Estados Unidos, que durante mucho tiempo se erigió como defensor de la libertad de prensa en el mundo, ahora se enfrenta a una crisis interna que amenaza con socavar este valor fundamental. La crítica a la prensa corrupta de otros países se torna hueca cuando el propio sistema estadounidense muestra signos de deterioro. El periodismo, lejos de ser perfecto, necesita un entorno propicio para ejercer su función crítica y fiscalizadora. La situación actual, marcada por la intimidación y la censura, no solo perjudica a los periodistas, sino a toda la sociedad. Es imperativo reaccionar y defender la libertad de expresión antes de que sea demasiado tarde.
Fuente: El Heraldo de México