16 de septiembre de 2025 a las 15:05
San Sixto 1787: El tsunami olvidado
Imaginen un mundo sin alertas sísmicas, sin la posibilidad de anticipar la furia de la tierra. Así era la realidad en la Nueva España en 1787, cuando el día de San Sixto, el 28 de marzo, la tierra rugió con una fuerza inimaginable. El terremoto, con una magnitud estimada de 8.6, liberó una energía comparable a la de una bomba atómica, dejando una cicatriz profunda en la historia de México. Si bien la tecnología de la época no permitía mediciones precisas, los relatos de quienes lo vivieron pintan un cuadro desolador: poblaciones costeras de Oaxaca y Guerrero borradas del mapa, engullidas por un tsunami monstruoso con olas que alcanzaban los 18 metros de altura. Imaginen el terror de ver el mar retirarse, dejando al descubierto el lecho marino, para luego regresar con una fuerza descomunal, arrasando todo a su paso.
Este evento, conocido como el terremoto de San Sixto, se inscribe en la lista de los sismos más poderosos jamás registrados. Su magnitud solo es superada por un puñado de gigantes sísmicos, como el de Valdivia en 1960 o el de Sumatra en 2004, eventos que generaron tsunamis que cruzaron océanos, sembrando la destrucción a miles de kilómetros del epicentro. Es escalofriante pensar que el sismo de San Sixto, ocurrido hace más de dos siglos, pudo haber desencadenado una devastación similar en las costas del Pacífico.
La tragedia no terminó el 28 de marzo. Durante los días siguientes, la tierra continuó temblando. Tres réplicas, cada una con una magnitud superior a 7, azotaron la región, convirtiendo a Oaxaca en el epicentro del sufrimiento. Edificios ya dañados por el primer terremoto se derrumbaron, aumentando el caos y la desesperación. La ciudad, antaño vibrante, quedó reducida a escombros.
Las crónicas de la época narran historias desgarradoras: familias separadas, pueblos enteros desaparecidos, el mar reclamando lo que la tierra había perdido. La reconstrucción de este evento catastrófico es un reto para los historiadores y científicos, que a través de documentos antiguos y el estudio de la geología, intentan comprender la magnitud de la tragedia y las lecciones que nos dejó.
Aunque el terremoto de San Sixto ocurrió en una época en la que la ciencia sísmica estaba en pañales, su impacto resuena hasta nuestros días. Nos recuerda la vulnerabilidad de las comunidades costeras ante la furia de la naturaleza y la importancia de la prevención. En un país ubicado en el Cinturón de Fuego del Pacífico, la amenaza de terremotos y tsunamis es una realidad constante. Aprender del pasado, invertir en investigación y fomentar la cultura de la prevención son las herramientas más poderosas que tenemos para enfrentar estos eventos inevitables y mitigar sus devastadoras consecuencias. El sismo de San Sixto no solo es un capítulo oscuro de nuestra historia, es una llamada de atención que nos urge a estar preparados para el futuro.
Fuente: El Heraldo de México