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16 de septiembre de 2025 a las 02:50
Rescate Jurásico en Iztapalapa
La noche del 14 de septiembre quedará grabada en la memoria de los habitantes del oriente de la Ciudad de México. No solo por la furia de la naturaleza, que descargó una tromba de agua sin precedentes, convirtiendo calles en ríos y avenidas en lagunas, sino también por las historias de solidaridad y resiliencia que emergieron de entre las aguas. Mientras las redes sociales se inundaban, irónicamente, con imágenes de la inundación real, una en particular capturó la atención y el corazón de miles: la de un policía, convertido en héroe anónimo, transportando a un pequeño con una mochila de dinosaurio sobre sus hombros a través de la Calzada Ignacio Zaragoza, convertida en un caudal embravecido.
Más allá de la anécdota simpática de la mochila, que inevitablemente arranca una sonrisa, se esconde una profunda lección de humanidad. En medio del caos y la desesperación, este agente de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, con el agua hasta las rodillas, no dudó en brindar su ayuda a un niño y a su madre, quienes luchaban por avanzar en medio de la inundación. Su gesto, aparentemente sencillo, se magnifica ante la adversidad, convirtiéndose en un símbolo de esperanza y un recordatorio de que incluso en los momentos más oscuros, la solidaridad brilla con intensidad.
El video, de poco más de dos minutos, nos muestra la lenta pero firme progresión del oficial. Cada paso es una batalla contra la corriente, un esfuerzo por mantener el equilibrio y, sobre todo, por proteger al pequeño que lleva sobre sus hombros. A su lado, la joven madre, con el cabello teñido como una pincelada de color en la grisácea escena, intenta seguir el ritmo del policía, buscando los pocos espacios secos en la vía para no perder el equilibrio. Su rostro refleja la angustia de la situación, pero también la gratitud hacia el oficial que, sin pedir nada a cambio, les tiende una mano amiga.
La escena es conmovedora. Nos recuerda la vulnerabilidad ante la fuerza de la naturaleza y la importancia de la ayuda mutua. No se trata solo de un policía cumpliendo con su deber, sino de un ser humano mostrando empatía y compasión en un momento crítico. Es un acto de heroísmo cotidiano, de esos que a menudo pasan desapercibidos, pero que construyen el tejido social y nos recuerdan que juntos somos más fuertes.
La imagen del policía con el niño y su mochila de dinosaurio se ha vuelto viral, y no es para menos. En un mundo a menudo dominado por las malas noticias, este pequeño acto de bondad nos reconforta y nos inspira. Es un recordatorio de que la esperanza, como el pequeño dinosaurio sobre los hombros del policía, puede mantenerse a flote incluso en medio de la tormenta. Y es, sin duda, una muestra palpable del espíritu solidario de los capitalinos, quienes una vez más, demuestran su capacidad de unirse y apoyarse ante la adversidad. ¿Cuántos otros actos de generosidad se habrán desplegado esa noche en las calles inundadas de la ciudad? Historias silenciosas que, como esta, merecen ser contadas y celebradas. La lluvia, eventualmente, cesará. Pero la solidaridad, como la huella imborrable del agua, permanecerá.
Fuente: El Heraldo de México