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23 de junio de 2025 a las 05:10

Tragedia en Los Andes: Hallan a alpinistas

La Cordillera Blanca, majestuosa e imponente, se ha cobrado un alto precio. Tres almas, unidas por la pasión por la montaña, ahora yacen en sus gélidas laderas. La noticia del hallazgo de los cuerpos de Hommer Pretel, Jesús Picón y Edson Vandeira ha conmocionado a la comunidad montañista internacional, dejando un vacío profundo y una sensación de tristeza inconmensurable. El Artesonraju, ese nevado de silueta triangular que atrae a alpinistas de todo el mundo, se ha convertido en su último destino. Imaginen la escena: tres figuras diminutas ascendiendo por la cara noroeste, desafiando los límites de la resistencia humana, rodeados de un paisaje sobrecogedor, donde la belleza se mezcla con el peligro. De pronto, la furia de la naturaleza se desata. Una avalancha, imponente e implacable, barre con todo a su paso. Los sueños, las esperanzas, las vidas truncadas en un instante.

La búsqueda, una carrera contra el tiempo y las inclemencias del clima, ha sido un testimonio de la solidaridad y el coraje humano. Rescatistas voluntarios, alpinistas de renombre, autoridades locales, todos unidos por un mismo objetivo: encontrar a los desaparecidos. Los drones, surcando los cielos, se convirtieron en los ojos de la esperanza, escudriñando cada rincón de ese territorio agreste e inaccesible. Finalmente, la triste confirmación. Los cuerpos, localizados a 5,800 metros de altitud, en una ladera de la cara noroeste, ponen fin a la incertidumbre, pero abren las puertas al dolor.

Más allá de la tragedia, emerge la historia de tres hombres excepcionales. Hommer y Jesús, jóvenes promesas del montañismo peruano, con un futuro brillante por delante. Hommer, hijo de la tierra, con la fuerza del Huascarán en sus venas. Jesús, con la precisión y la técnica del rescatista glaciar. Y Edson, el fotógrafo brasileño, cuya lente capturaba la esencia de los Andes, compartiendo su belleza con el mundo. Cada uno de ellos, un ejemplo de pasión, dedicación y amor por la montaña.

Ahora, el desafío es recuperar sus cuerpos, una tarea titánica que pone a prueba la pericia de los rescatistas. El terreno inestable, el riesgo de nuevas avalanchas, la altitud extrema, son factores que dificultan la operación. Pero la promesa es devolverlos a sus familias, para que puedan darles el último adiós.

Este trágico suceso nos recuerda la importancia de la prudencia y el respeto por la montaña. El Artesonraju, con su belleza imponente, también esconde peligros latentes. Es un llamado a la conciencia, a la preparación, a la humildad ante la fuerza de la naturaleza. Escalar no es solo conquistar la cima, es también saber cuándo retroceder, cuándo escuchar las señales de la montaña, cuándo priorizar la vida. Honremos la memoria de estos tres alpinistas, aprendiendo de su experiencia y recordando que la montaña, aunque majestuosa, siempre exige respeto. Que sus pasos, impresos en la nieve eterna, nos guíen en el camino de la prudencia y la responsabilidad. Y que sus familias encuentren consuelo en el recuerdo de sus seres queridos, cuyos espíritus, seguramente, seguirán ascendiendo, libres y en paz, por las cumbres más altas.

Fuente: El Heraldo de México