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23 de junio de 2025 a las 11:15

Paz para el mundo

La paz, un anhelo profundamente arraigado en el corazón de México, se erige como un faro en un mundo a menudo ensombrecido por la violencia y la discordia. No se trata de una paz pasiva, de una simple ausencia de conflicto, sino de una paz activa, construida sobre cimientos de respeto, justicia y solidaridad. Una paz que, como bien señala el presidente Juárez, nace del respeto al derecho ajeno, un principio que trasciende fronteras y se aplica tanto a individuos como a naciones.

La historia de México, marcada por intervenciones y desafíos a su soberanía, ha forjado una convicción inquebrantable en la importancia de la paz. No es una postura ingenua, sino una lección aprendida a través de la experiencia, una comprensión profunda de los estragos que la guerra deja a su paso. Las cicatrices de la historia nos recuerdan que la paz no es un regalo, sino una conquista, un compromiso constante que exige vigilancia y acción.

El artículo 89 de nuestra Constitución, un compendio de principios que guían nuestra política exterior, refleja esta convicción. La autodeterminación de los pueblos, la no intervención, la soberanía nacional, el respeto a los derechos humanos y la solución pacífica de controversias: estos pilares no son meras palabras, sino el reflejo de una identidad nacional comprometida con la construcción de un mundo más justo y equitativo.

En un mundo interconectado, donde las repercusiones de los conflictos se extienden más allá de las fronteras, la apuesta por la paz se vuelve aún más crucial. Las guerras, con su devastador poder destructivo, no solo arrasan con vidas y economías, sino que también erosionan el tejido social y siembran semillas de odio y resentimiento que pueden perdurar por generaciones. Los recursos que se destinan a la guerra podrían utilizarse para combatir la pobreza, promover el desarrollo sostenible y construir un futuro más prometedor para todos.

La postura pacifista de México no es sinónimo de debilidad, sino de fortaleza moral. Es la fortaleza de quien elige el diálogo sobre la confrontación, la negociación sobre la imposición, la cooperación sobre la competencia. Es la fortaleza de quien reconoce que la verdadera seguridad no se encuentra en el poderío militar, sino en la construcción de puentes de entendimiento y la promoción de la justicia social.

En un contexto global marcado por tensiones y desafíos, la voz de México en favor de la paz resuena con especial fuerza. Nuestro país, con su rica tradición de diplomacia y su compromiso con el multilateralismo, se posiciona como un actor clave en la búsqueda de soluciones pacíficas a los conflictos que aquejan a la humanidad. La paz no es una utopía, sino una posibilidad real, un objetivo alcanzable si trabajamos juntos, con determinación y perseverancia, para construir un mundo donde el respeto al derecho ajeno sea la norma y la paz, el legado que dejemos a las futuras generaciones. El camino hacia la paz no es fácil, pero es el único que vale la pena recorrer.

Fuente: El Heraldo de México