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23 de junio de 2025 a las 09:45

Lidera con tu nombre: Marca personal auténtica

Por mucho tiempo, nos vendieron la idea de que nuestra valía profesional se resumía al cargo impreso en una tarjeta de presentación o al título que antecedía nuestra firma en un correo electrónico. "Directora de…", "CFO de…", "VP en…" se convertían en sinónimos de liderazgo, y este se magnificaba si además lo acompañaba el prestigio de una multinacional. Sin embargo, la realidad actual nos demuestra que un apellido corporativo, por más resonante que sea, es efímero. El verdadero liderazgo reside en el nombre propio, ese que permanece invariable a lo largo de nuestra trayectoria.

He sido testigo del recorrido de mujeres brillantes que ocuparon los más altos cargos en empresas de renombre. Figuras destacadas, invitadas a conferencias, receptoras de innumerables reconocimientos. Pero, en ocasiones, una reestructuración o un recorte inesperado las desvinculaba de ese apellido corporativo que parecía definirlas. Y, con asombrosa frecuencia, observaba cómo estas mujeres, cuyo talento seguía intacto, parecían desvanecerse del panorama profesional. Dejaban de ser parte de las conversaciones, de ser buscadas para nuevas oportunidades. ¿La razón? Habían construido su identidad profesional sobre la base de un apellido ajeno.

Este fenómeno, lamentablemente, se repite con frecuencia en las altas esferas corporativas. Directivas con trayectorias impecables parecen perder relevancia tras su salida de una gran empresa. ¿Por qué ocurre esto? Porque se enfocaron en construir un apellido que, a pesar de su peso, nunca les perteneció.

En el dinámico y cambiante mercado laboral actual, la marca personal no es un lujo, sino una necesidad estratégica. Construir una marca personal sólida implica tener una profunda comprensión de quiénes somos, qué valor aportamos, qué nos distingue y, crucialmente, cómo comunicamos todo esto al mundo. En un contexto donde los cambios son la norma y la permanencia en un puesto no está garantizada, nuestra marca personal se convierte en el activo más valioso. Es lo que nos permite trascender a cualquier empresa o cargo, lo que nos hace visibles y reconocibles por nuestro talento y no solo por la empresa a la que pertenecemos.

Invertir en nuestra marca personal es construir una plataforma propia, un espacio desde donde podemos aportar, influir y liderar con autenticidad, sin importar el apellido corporativo que llevemos en un momento determinado. Por eso, hoy los invito a reflexionar sobre la importancia de construir nuestro nombre como cimiento de nuestra historia profesional. Que sea la base de nuestra reputación, de nuestros valores, de nuestra presencia y de nuestras contribuciones al mundo. Debemos dejar de percibirnos como meras representantes de una compañía y empezar a posicionarnos como individuos que aportan valor, que dejan huella, que construyen liderazgos desde la autenticidad.

No se trata de rechazar el apellido corporativo, sino de establecer una relación simbiótica, de ganar-ganar. Al trabajar para una empresa, establecemos un acuerdo temporal: aportamos nuestro nombre y talento, y la empresa nos brinda su apellido y plataforma. Mientras la relación perdura, ambas partes se benefician.

El apellido corporativo puede cambiar con el tiempo, pero la lealtad a nuestro nombre debe permanecer inquebrantable. Si nuestro liderazgo es auténtico y se construye desde la base de nuestra identidad, será nuestro nombre el que nos abrirá puertas cuando busquemos nuevas oportunidades. No el título que ostentamos en el pasado, ni la empresa a la que representamos, sino lo que nosotros, con nuestro nombre propio, fuimos capaces de construir.

Es hora de invertir en nosotras mismas, de construir nuestro nombre como una marca líder, sólida, ética, profesional y genuina. Que donde estemos, hablemos desde lo que somos y no solo desde a quién representamos. Que nuestro nombre sea sinónimo de valor, de autenticidad y de liderazgo.

Fuente: El Heraldo de México