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23 de junio de 2025 a las 11:05
¡EU culpable! ¿Quién paga?
La tensión en Oriente Medio se ha disparado a niveles alarmantes tras los recientes bombardeos estadounidenses contra instalaciones nucleares iraníes. Las declaraciones del portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores iraní, Esmail Baghaei, a CNN, reflejan la indignación y la sensación de traición que se respira en Teherán. La acusación de "traición a la diplomacia" por parte del gobierno de Trump no es una mera retórica, sino un reflejo de la profunda desconfianza que se ha instaurado entre ambas naciones. Baghaei insiste en que la diplomacia es un proceso continuo, una vía que nunca debe cerrarse, y que la responsabilidad de las consecuencias de esta escalada bélica recae directamente sobre Estados Unidos e Israel. Su negativa a detallar la posible respuesta iraní, si bien comprensible desde una perspectiva estratégica, no hace sino aumentar la incertidumbre y la preocupación a nivel internacional. La afirmación de que Irán "ejercerá su derecho a la autodefensa" es una advertencia que la comunidad internacional no puede ignorar.
El presidente iraní, Masud Pezeshkian, ha prometido una "respuesta" a lo que califica de "agresión" estadounidense. Este compromiso, sumado a la denuncia del embajador iraní ante la ONU en el Consejo de Seguridad, dibuja un panorama sombrío y precario. La palabra "guerra", pronunciada en el máximo órgano de seguridad internacional, resuena con una gravedad excepcional y exige una respuesta inmediata por parte de la comunidad internacional para evitar una escalada aún mayor del conflicto.
La confirmación de que Irán aún posee uranio enriquecido, a pesar de los bombardeos, añade una capa adicional de complejidad a la situación. Este hecho subraya la dificultad de contener la proliferación nuclear en la región y la necesidad de buscar soluciones diplomáticas que aborden las causas subyacentes del conflicto. Las advertencias del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, sobre la vulnerabilidad de Irán, lejos de apaciguar los ánimos, contribuyen a alimentar la retórica belicista y aumentan el riesgo de una confrontación directa. La afirmación de que Estados Unidos está listo para la paz si Irán lo está también, suena hueca ante la magnitud de la destrucción causada y la retórica incendiaria empleada por ambos bandos.
La justificación de la operación militar por parte de Estados Unidos como una medida para hacer del mundo un lugar "más seguro y estable" resulta, cuanto menos, cuestionable. La duplicación de los vuelos de evacuación para ciudadanos estadounidenses en Israel es un indicativo claro del temor a represalias y de la inestabilidad generada por la propia acción militar. El Pentágono, mientras tanto, intenta matizar la situación afirmando que, si bien han "devastado el programa nuclear iraní", no buscan un cambio de régimen. Esta afirmación, sin embargo, contrasta con la retórica agresiva empleada por el presidente Trump, quien ha declarado la destrucción completa de "instalaciones clave de enriquecimiento nuclear de Irán".
En este contexto de alta tensión, la comunidad internacional debe redoblar sus esfuerzos para promover el diálogo y la desescalada. La búsqueda de una solución pacífica y duradera al conflicto nuclear iraní es más urgente que nunca. El silencio de otros actores internacionales relevantes, como la Unión Europea, Rusia y China, es preocupante. Es crucial que estas potencias se involucren activamente en la mediación y la búsqueda de un acuerdo que garantice la seguridad regional y evite una catástrofe de consecuencias impredecibles. El tiempo apremia y la diplomacia es la única vía para evitar una escalada bélica de consecuencias devastadoras.
Fuente: El Heraldo de México