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23 de junio de 2025 a las 10:35

¡Alerta! Estafas bancarias a mujeres

La historia de Mireya es un grito silencioso en la fría realidad de Santa Martha Acatitla. Una mujer de 53 años, con manos hábiles para las manualidades, hoy paga con 15 años de su vida la supuesta complicidad en un delito que, según ella, nunca cometió. Su ex yerno, figura central en este drama, la habría engañado, prometiéndole una ayuda económica a cambio de abrir tres cuentas bancarias. Mireya, con la esperanza de un alivio financiero, accedió sin sospechar que se convertía en una pieza involuntaria en un tablero de extorsión. La promesa de ayuda se transformó en la pesadilla de una celda.

Imaginen la escena: una mujer entregando, con ingenuidad, su tarjeta bancaria y su teléfono móvil, herramientas que se convertirían en las pruebas de su supuesta culpabilidad. Mireya, ajena al movimiento del dinero, nunca vio los estados de cuenta, nunca recibió un solo peso de esas transacciones que hoy la mantienen tras las rejas. Su voz, ahogada entre los muros de la prisión, clama justicia, se aferra a la esperanza de que el Instituto Federal de Defensoría Pública (IFDP), que ha tomado su caso, logre demostrar su inocencia.

El caso de Mireya, lamentablemente, no es aislado. Jorge Andrei Ballesteros, defensor público federal, ha alertado sobre el preocupante aumento de mujeres encarceladas en Santa Martha Acatitla y en el Centro Femenil de Reinserción Social Tepepan por situaciones similares. Mujeres que, por desconocimiento financiero y en muchos casos por la manipulación de personas cercanas, se ven envueltas en redes de delincuencia organizada. Penas de 8, 10, incluso 30 y 50 años de cárcel, pesan sobre sus hombros, un castigo desproporcionado para quienes, en la mayoría de los casos, son víctimas de engaños y de una alarmante falta de educación financiera.

Detrás de estas historias, se esconde la sombra de un hombre: familiares, parejas, conocidos, que se aprovechan de la confianza y la vulnerabilidad de estas mujeres para utilizarlas como instrumentos en sus actividades ilícitas. Las convencen, las manipulan, las obligan a abrir cuentas bancarias, a retirar dinero, convirtiéndolas en el eslabón débil de una cadena criminal.

Pero la trama se complica aún más. Ballesteros nos presenta otro escenario, el de las “Nenis”, emprendedoras que buscan ganarse la vida vendiendo productos por internet. Estas mujeres, con la ilusión de un negocio propio, caen en la trampa de delincuentes que se hacen pasar por clientes. Les compran mercancía, pero el pago proviene de una tercera persona, víctima a su vez de extorsión, del cobro de “derecho de piso”. Las “Nenis” reciben el dinero en sus cuentas, sin saber su origen ilícito, y terminan detenidas, acusadas de participar en un delito que desconocían por completo.

Ante esta realidad, la campaña “Tu cuenta es tu delito”, lanzada en 2022 por la Interpol, cobra una importancia vital. La alerta está encendida: organizaciones criminales utilizan a personas comunes, sin antecedentes penales, para mover dinero ilícito dentro del sistema financiero. El desconocimiento, la ingenuidad, la necesidad económica, se convierten en el caldo de cultivo perfecto para estas redes delictivas. Y aunque la persona no tenga conocimiento del origen del dinero, puede ser considerada cómplice de blanqueo de capitales.

La historia de Mireya, de las “Nenis”, y de tantas otras mujeres, nos obliga a reflexionar sobre la importancia de la educación financiera, de la prevención, de la desconfianza ante promesas fáciles y de la necesidad de un sistema judicial que investigue a fondo antes de condenar. Son historias que nos recuerdan que la ignorancia, en un mundo cada vez más complejo, puede tener un precio muy alto: la libertad.

Fuente: El Heraldo de México