22 de junio de 2025 a las 05:05
Refugio secreto CDMX: Olvídate del calor
Imagine un oasis en medio del desierto urbano. No, no hablamos de un espejismo, sino de una realidad tangible, un refugio verde que late discretamente en el corazón de Coyoacán. Mientras la vorágine de la ciudad nos envuelve en su caótico ritmo, el Jardín Sonoro de la Fonoteca Nacional nos invita a un respiro, a una pausa necesaria para reconectar con la naturaleza y con nosotros mismos.
Olvídese del cemento y el acero que dominan el paisaje urbano. Aquí, la piedra volcánica traza caminos sinuosos que se pierden entre la exuberante vegetación. Árboles centenarios, testigos silenciosos de la historia, extienden sus ramas creando un dosel de sombra que protege del sol implacable. Bancos de madera, pulidos por el tiempo y las caricias de incontables visitantes, invitan a la contemplación, a la lectura, o simplemente a dejarse llevar por el suave murmullo del viento entre las hojas.
No se trata solo de un jardín, sino de una experiencia sensorial. El diseño paisajístico, cuidadosamente planeado, integra elementos sonoros que transforman el ambiente en una sinfonía sutil y envolvente. Fragmentos musicales, cuidadosamente seleccionados del vasto archivo de la Fonoteca, se entrelazan con el canto de las aves y el susurro de la fuente, creando un paisaje sonoro único que acaricia los oídos y calma el espíritu. Cierra los ojos por un instante y déjate transportar por la melodía del lugar; el estrés se disipa, la mente se aquieta, y una sensación de paz profunda te invade.
Este remanso de tranquilidad, enclavado en la histórica Casa Alvarado, contrasta con la imponente arquitectura de la Biblioteca Vasconcelos o la vibrante actividad de la Cineteca Nacional. No compite, sino que complementa, ofreciendo una alternativa para quienes buscan una experiencia más íntima, más conectada con la historia y la naturaleza. La Casa Alvarado, con sus muros impregnados de historia, respira un aire de solemnidad que se disuelve en la serenidad del jardín. Imaginen a Octavio Paz, uno de sus antiguos moradores, paseando por estos mismos senderos, encontrando inspiración en el susurro de las hojas y el canto de los pájaros.
La Fonoteca Nacional, guardiana del patrimonio sonoro de México, no solo preserva la memoria auditiva del país, sino que también ofrece un espacio para la creación de nuevos recuerdos, un lugar donde la historia, la naturaleza y el arte convergen en perfecta armonía. Un lugar donde el tiempo parece detenerse, invitándonos a disfrutar del presente, a conectar con la esencia de lo que nos rodea y a descubrir la belleza que se esconde en los rincones más inesperados de nuestra ciudad. Así que la próxima vez que busques un escape del ruido y la prisa, recuerda este oasis escondido en Coyoacán. El Jardín Sonoro de la Fonoteca Nacional te espera con los brazos abiertos, listo para regalarte una experiencia única e inolvidable. No necesitas ser un viajero con suerte ni un conocedor discreto, solo necesitas las ganas de descubrir la magia que se esconde a plena vista.
Fuente: El Heraldo de México