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22 de junio de 2025 a las 04:50
El oscuro legado de EEUU en Oriente Medio
La sombra de la intervención estadounidense se extiende una vez más sobre Medio Oriente. El anuncio del presidente Trump sobre el ataque a tres instalaciones nucleares iraníes, Fordow, Natanz e Isfahán, resuena como un trueno en un cielo ya cargado de tensión. La afirmación de una "carga completa de bombas" sobre Fordow, centro neurálgico del programa nuclear iraní, abre interrogantes sobre la magnitud real de los daños y las posibles consecuencias. Mientras Trump celebra una victoria militar y llama a la paz, la historia nos recuerda la complejidad y la volatilidad de la región, donde las intervenciones, a menudo, han sembrado más conflictos que soluciones.
El eco de décadas de intervención estadounidense en Medio Oriente retumba con fuerza tras este nuevo episodio. Desde el golpe de Estado en Irán en 1953, orquestado por la CIA, hasta la reciente retirada de Afganistán en 2021, la huella de Estados Unidos en la región es profunda y, a menudo, controvertida. La lista de intervenciones es larga y compleja: Líbano, Libia, Irak, Afganistán, Siria, Yemen… cada país con su propia historia de enredos y consecuencias.
La intervención en Irak, quizás la más emblemática de las últimas décadas, ilustra la dificultad de prever las consecuencias a largo plazo de las acciones militares. La invasión de 2003, justificada por la supuesta posesión de armas de destrucción masiva, desestabilizó el país y la región, abriendo la puerta al surgimiento de grupos extremistas y alimentando un ciclo de violencia que aún persiste.
La retirada de Afganistán en 2021, tras dos décadas de ocupación, dejó un vacío de poder que fue rápidamente llenado por los talibanes. Esta experiencia, dolorosa y costosa, plantea interrogantes sobre la eficacia de las intervenciones militares a largo plazo y la necesidad de buscar soluciones políticas y diplomáticas.
El ataque a Irán se produce en un contexto regional ya de por sí inflamable, marcado por la creciente tensión entre Irán e Israel. La reciente operación israelí en territorio iraní, a la que Teherán respondió con contundencia, había elevado la temperatura del conflicto. La aparente contradicción entre la declaración de no intervención del Secretario de Estado, Marco Rubio, y el posterior anuncio del presidente Trump, añade una capa adicional de incertidumbre y desconfianza.
¿Cuáles serán las consecuencias del ataque a las instalaciones nucleares iraníes? ¿Responderá Teherán con una escalada militar? ¿Se abrirá un nuevo frente de conflicto en la región? Estas son algunas de las preguntas que flotan en el aire, mientras el mundo observa con preocupación el desarrollo de los acontecimientos. La historia nos enseña que en Medio Oriente, la chispa más pequeña puede desencadenar un incendio de consecuencias imprevisibles. La prudencia y la diplomacia son más necesarias que nunca para evitar una escalada que podría tener consecuencias devastadoras para la región y el mundo.
Fuente: El Heraldo de México