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21 de junio de 2025 a las 16:25

Protesta en LA: Mexicana ataca a mexicanos.

La tensión en las calles angelinas es palpable. El eco de las protestas contra ICE resuena entre los edificios, cargado de la angustia y la incertidumbre que viven las comunidades migrantes. Los enfrentamientos con el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas se han vuelto, lamentablemente, una escena recurrente, un reflejo de la polarización que divide al país. Pero en medio de este panorama de lucha por los derechos y la dignidad, un nuevo elemento ha encendido la polémica: la viralización del video de una familia agrediendo a manifestantes latinos. Lo que hace aún más desgarradora esta situación es el origen de la agresora: una mujer mexicana, originaria de Nayarit, identificada en redes sociales como Mónica Mares.

Las imágenes, compartidas miles de veces en diferentes plataformas, muestran a Mares a bordo de su vehículo, increpando a los manifestantes y exigiéndoles que regresen a su país de origen. La ironía, por supuesto, no se ha perdido en la audiencia digital. Que una inmigrante mexicana, ahora casada con un estadounidense presuntamente miembro de las Fuerzas Armadas, ataque a sus propios paisanos ha generado una ola de indignación y repudio. El video captura también el intento del esposo de Mares por atravesar la multitud con su vehículo, una acción temeraria que puso en riesgo la integridad física de los presentes. A las palabras hirientes se sumaron actos de agresión física, como escupitajos dirigidos a los manifestantes, elevando aún más la tensión del enfrentamiento.

La historia de Mónica Mares se ha convertido en un símbolo de la compleja y a menudo contradictoria realidad de la inmigración. ¿Cómo se explica este cambio de perspectiva? ¿Qué lleva a alguien a renegar de sus raíces y atacar a quienes comparten su historia? Las redes sociales se han convertido en un foro de debate, donde se entremezclan la condena, la incomprensión y la búsqueda de explicaciones. Algunos argumentan que la influencia del esposo y su entorno podría haber jugado un papel determinante. Otros señalan la internalización de discursos xenófobos como posible causa. Sea cual sea la razón, el caso de Mares nos obliga a reflexionar sobre las profundas divisiones que existen en nuestra sociedad y la necesidad de tender puentes de diálogo y empatía.

Mientras tanto, la lucha de los migrantes continúa. Las redadas de ICE, que han alcanzado cifras alarmantes, se han extendido incluso a espacios que antes se consideraban santuarios, como los recintos deportivos. El pasado viernes, agentes de ICE intentaron ingresar al estadio de los Dodgers, aunque las autoridades del recinto les negaron el acceso. La administración Trump minimizó el incidente, afirmando que los agentes solo estuvieron brevemente en el estacionamiento. Sin embargo, este episodio alimenta la sensación de vulnerabilidad e inseguridad que viven las comunidades migrantes, constantemente bajo la amenaza de la deportación.

Organizaciones como Immigrants Defenders trabajan incansablemente para brindar apoyo legal a los afectados por estas redadas. Con más de 330 detenidos hasta el 11 de junio, la batalla legal se presenta ardua. Cada caso representa una historia de vida, una familia que lucha por permanecer unida, un sueño que se resiste a desvanecerse. En medio de la incertidumbre y el miedo, la solidaridad y la esperanza se mantienen como faros en la oscuridad, guiando el camino hacia un futuro más justo e inclusivo para todos. La lucha por los derechos de los migrantes es una lucha por la justicia social, una lucha que nos interpela a todos como sociedad y nos exige tomar partido. ¿De qué lado de la historia queremos estar?

Fuente: El Heraldo de México