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21 de junio de 2025 a las 05:15
Ayuda alimentaria llega a Guerrero
La furia de Erick, aunque no tocó tierra directamente en Guerrero, dejó su huella imborrable en la Costa Chica. Imaginen la escena: familias enteras en Cuajinicuilapa, con la mirada perdida en los restos de lo que alguna vez fueron sus hogares, el sonido del viento aún resonando en sus oídos, la incertidumbre de qué les deparará el mañana. En medio de este desolador panorama, surge una luz de esperanza: el incansable trabajo del Ejército Mexicano y la Guardia Nacional, quienes, respondiendo al llamado de auxilio de la presidenta, han desplegado el Plan DN-III-E con una eficiencia conmovedora.
No se trata solo de números, aunque las cifras son impactantes: más de mil quinientas porciones de comida caliente servidas en las primeras horas, un bálsamo para el estómago vacío y el alma desolada. Imaginen el vapor ascendiendo de los platos, el aroma a comida casera reconfortando a quienes lo han perdido todo. Cada plato representa una mano amiga, un gesto solidario, una promesa de que no están solos.
En la escuela Venustiano Carranza, convertida ahora en un oasis de calor humano, la cocina comunitaria bulle de actividad. Soldados y guardias nacionales, con la misma dedicación con la que defienden la patria, se afanan en preparar alimentos nutritivos y reconfortantes. No son chefs con estrellas Michelin, pero su entrega es digna de los mejores restaurantes del mundo. Su ingrediente secreto: la solidaridad.
El General de Brigada Andrés Ojeda Ramírez, comandante de la 27 zona militar, no se limita a dar órdenes desde la comodidad de su oficina. Está en el terreno, supervisando las operaciones, asegurándose de que la ayuda llegue a quienes más la necesitan. Su voz transmite seguridad y confianza, un bálsamo para la angustia de los damnificados.
La labor del Ejército Mexicano no se limita a la entrega de alimentos. Con la precisión de un cirujano, han identificado 21 zonas de riesgo, anticipándose a las posibles consecuencias del huracán. En Cuajinicuilapa, cien efectivos trabajan sin descanso, liberando vías obstruidas por árboles caídos, restableciendo la comunicación entre las comunidades. Imaginen el rugido de las motosierras, el crujir de la madera, la satisfacción de ver el camino despejado, un símbolo de la vuelta a la normalidad.
En Punta Maldonado, la fuerza de la naturaleza se ensañó con particular saña. Las enramadas de la franja turística, que antes daban sombra a los visitantes, ahora yacen destrozadas. Los techos de lámina de decenas de viviendas volaron por los aires como hojas de papel. Pero en medio de la devastación, la presencia de 250 efectivos del Ejército Mexicano y la Guardia Nacional infunde ánimo y esperanza. No están solos, les dicen con su presencia. Juntos reconstruiremos lo perdido.
La distribución de colchonetas y víveres en los albergues es un gesto que va más allá de la simple asistencia material. Es un abrazo solidario, una muestra de empatía con el dolor ajeno. Cada colchoneta representa un lugar seguro donde descansar, un refugio ante la incertidumbre. Cada paquete de víveres es una promesa de que el mañana será mejor.
La historia de la Costa Chica tras el paso de Erick es una historia de resiliencia, de solidaridad, de esperanza. Es la historia de un pueblo que se levanta con la ayuda de quienes han jurado protegerlo, una historia que nos recuerda que, incluso en los momentos más oscuros, la luz de la humanidad siempre encuentra la manera de brillar. Y en esa luz, el Ejército Mexicano y la Guardia Nacional son faros que guían el camino hacia la reconstrucción y la esperanza.
Fuente: El Heraldo de México