21 de junio de 2025 a las 18:00
Alerta: Niño abandonado en iglesia tras secuestro
La angustia se apoderó del centro de Monterrey el pasado viernes, cuando un inocente de tan solo dos años fue encontrado abandonado en la iglesia El Roble, desatando una ola de interrogantes y consternación entre los regiomontanos. El pequeño, ajeno al drama que se desarrollaba a su alrededor, fue hallado por el sacerdote del templo, quien inmediatamente dio aviso a las autoridades. La escena, según relató el religioso, fue desconcertante: una mujer, de entre 45 y 50 años, ingresó apresuradamente a la iglesia con el niño tomado de la mano, lo dejó a su cuidado sin mediar palabra y se esfumó con la misma celeridad con la que había aparecido.
La incertidumbre se cernía sobre el caso. ¿Quién era esta mujer? ¿Cuáles eran sus motivos? ¿Qué relación tenía con el pequeño? Las preguntas se multiplicaban mientras la Policía de Monterrey iniciaba las investigaciones. El menor, afortunadamente, se encontraba en buen estado de salud, sin signos visibles de maltrato. Paramédicos que lo atendieron en las instalaciones de la policía municipal confirmaron que no presentaba lesiones físicas. Sin embargo, el alivio de saberlo a salvo contrastaba con la angustia de su madre, quien horas antes había denunciado su desaparición.
La madre, cuyo nombre se mantiene en reserva para proteger su privacidad, relató a las autoridades que el niño había sido sustraído de su hogar mientras ella se encontraba trabajando. La noticia del secuestro exprés conmocionó a la comunidad, que seguía con atención el desarrollo de los acontecimientos. La entrega del pequeño a su madre, cuatro horas después de su hallazgo, fue un momento cargado de emociones. El reencuentro, sin duda, un bálsamo en medio de la tormenta.
Pero el misterio persistía. Las autoridades de Nuevo León, a pesar de haber recuperado al menor, no han revelado el móvil de la mujer que lo abandonó en la iglesia. Las primeras indagatorias apuntan a una conflictiva relación entre el abuelo del niño y su pareja, lo que abre un nuevo abanico de posibilidades en la investigación. ¿Fue un acto de venganza? ¿Una disputa por la custodia? ¿O se trata de algo aún más complejo?
El caso pone de manifiesto la vulnerabilidad de los menores y la importancia de la colaboración ciudadana para su protección. La rápida actuación de la policía y la colaboración del sacerdote de la iglesia El Roble fueron cruciales para el feliz desenlace. Sin embargo, la historia no termina aquí. La investigación continúa, con la esperanza de esclarecer los hechos y llevar a la responsable ante la justicia. Mientras tanto, la comunidad regiomontana se mantiene a la espera de respuestas, con la firme convicción de que la verdad debe salir a la luz. El bienestar de nuestros niños es una responsabilidad compartida, y casos como este nos recuerdan la importancia de estar alerta y trabajar juntos para construir un entorno seguro para las futuras generaciones. El silencio en torno a los motivos de la mujer solo alimenta las especulaciones, y la sociedad exige transparencia y justicia para el pequeño que, sin saberlo, se convirtió en el protagonista de esta inquietante historia.
Fuente: El Heraldo de México