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20 de junio de 2025 a las 09:10

Unidos por la paz: cooperación y política

La Cumbre de Líderes número 51 en Alberta, Canadá, concluyó con un sabor agridulce. Si bien la agenda oficial se centraba en temas cruciales como la paz mundial, el cambio climático y la regulación arancelaria, el verdadero objetivo de muchos mandatarios parecía ser una codiciada reunión bilateral con el entonces presidente Trump, la cual, finalmente, no se materializó. A pesar de esta ausencia, la Cumbre sirvió como un importante escenario para la diversificación de relaciones internacionales, tejiendo nuevas alianzas entre naciones de diferentes regiones. Para la presidenta Sheinbaum, representó una oportunidad invaluable para exhibir su visión de gobierno, tanto en el ámbito nacional como en el de la cooperación internacional.

Tras la partida de Trump, la mandataria mexicana desplegó una intensa agenda diplomática. Su encuentro con el primer ministro de la India, Narendra Modi, uno de los líderes con mayor popularidad a nivel global, permitió estrechar lazos en áreas estratégicas como las tecnologías de la información y la industria farmacéutica, además de fortalecer la cooperación Sur-Sur. Con el presidente Lula da Silva, se afianzaron las relaciones latinoamericanas, un pilar fundamental para la estabilidad regional. La educación fue el tema central de su conversación con el canciller alemán, Friedrich Merz, mientras que con el presidente surcoreano, Lee Jae-myung, se exploraron vías para intensificar las relaciones bilaterales. Finalmente, con el primer ministro canadiense, Mark Carney, anfitrión de la Cumbre, se abordaron temas cruciales como el T-MEC y las estrategias conjuntas para contrarrestar las políticas arancelarias impuestas por Estados Unidos.

La participación de Claudia Sheinbaum en la sesión plenaria resonó con fuerza. Su discurso, inspirado en la visión de Benito Juárez y en la histórica postura pacifista de México, reivindicó los principios de no intervención y respeto a la soberanía de las naciones. La cita al Benemérito de las Américas, "entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz", sirvió como preámbulo a un enérgico llamado a la paz mundial: "Que este G7 no sea solo una reunión de potencias, sino un espacio de responsabilidad compartida, porque el poder no se mide solo por lo que se tiene, sino por lo que se hace con él".

Con valentía y firmeza, la presidenta Sheinbaum alzó la voz en defensa de los mexicanos residentes en Estados Unidos, quienes en ese momento enfrentaban una agresiva política antiinmigrante y una retórica oficial que los calificaba de "invasores extranjeros" y "enemigos". Ante la mirada atenta de los líderes mundiales, Sheinbaum destacó la dignidad, el esfuerzo y la contribución de estos migrantes, recalcando que "han construido su vida con dignidad, cumplen con las leyes, son de esfuerzo y dedicación, pagan impuestos, asumen responsabilidades y no merecen discriminación, sino respeto y reconocimiento". Su mensaje fue claro: el objetivo último debe ser garantizar que las personas tengan acceso a un empleo bien remunerado y una vida digna en sus lugares de origen.

La presidenta no se limitó al discurso. Convocó a los líderes del G7 a una reunión conjunta con la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) para abordar las causas de la migración forzada, la economía y la seguridad. Con esta iniciativa, Sheinbaum demostró que México regresaba a la escena internacional con una voz propia, una visión clara de cooperación y una firme convicción pacifista. Su participación en la Cumbre dejó en claro que la inteligencia, la estrategia, la paciencia y la templanza no son solo virtudes para la política interna, sino también herramientas esenciales para liderar en el complejo escenario global.

Fuente: El Heraldo de México