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20 de junio de 2025 a las 09:15

Respeta sus derechos, migra con dignidad.

La sombra de la incertidumbre se cierne sobre miles de familias mexicanas en Estados Unidos. El reciente despliegue de la Guardia Nacional en California, como refuerzo a las redadas del ICE, ha encendido las alarmas y sembrado el miedo en comunidades enteras. No podemos quedarnos callados ante esta nueva ola de hostilidad y violencia institucionalizada contra nuestros hermanos migrantes. Es un ataque directo a su dignidad, a sus sueños y a su derecho a buscar una vida mejor.

Desde hace décadas, la migración mexicana hacia el norte ha sido una historia de perseverancia, sacrificio y aportaciones invaluables al desarrollo económico y cultural de Estados Unidos. Hombres y mujeres que, empujados por la precariedad y la falta de oportunidades en su tierra natal, se aventuraron a cruzar la frontera con la esperanza de un futuro más próspero para ellos y sus familias. Muchos de ellos, obligados a dejar atrás sus raíces, su cultura y sus afectos, se enfrentaron a un camino lleno de obstáculos, discriminación y xenofobia. A pesar de todo, han logrado integrarse, contribuir y enriquecer el tejido social de las comunidades donde se han establecido.

La política migratoria del actual gobierno norteamericano no solo es inhumana, sino que además ignora la realidad de la migración y sus causas. Criminalizar a quienes buscan una vida digna, separar familias y fomentar el odio no es la solución. Es necesario un enfoque integral y humanista que reconozca los derechos de los migrantes, promueva la cooperación regional y aborde las raíces de la migración: la desigualdad económica, la falta de oportunidades y la violencia en los países de origen.

La situación en Los Ángeles, un histórico bastión de la comunidad mexicana en Estados Unidos, es particularmente preocupante. Esta ciudad, que ha acogido a generaciones de mexicanos, se ha convertido en el epicentro de la represión. El despliegue de fuerzas federales en sus calles es una clara provocación y una muestra de la intención de intimidar y silenciar a la comunidad migrante.

Ante este panorama desalentador, es fundamental la unidad y la organización. No podemos caer en la provocación ni dejarnos vencer por el miedo. Es el momento de alzar la voz, de exigir respeto a los derechos humanos de todos los migrantes, independientemente de su situación migratoria, y de construir puentes de solidaridad con nuestros hermanos en Estados Unidos.

La lucha por la dignidad y la justicia no tiene fronteras. Debemos mantenernos firmes en nuestra convicción de que un mundo más justo y equitativo es posible. La migración es un derecho humano, no un delito. Y la dignidad de las y los mexicanos no tiene precio. Continuaremos trabajando incansablemente para garantizar que las voces de nuestros hermanos migrantes sean escuchadas y que sus derechos sean respetados. La esperanza no se apaga, la lucha continúa.

La solidaridad no se limita a las palabras, requiere acciones concretas. Es imperativo exigir al gobierno estadounidense el cese inmediato de las redadas y la militarización de las comunidades migrantes. Asimismo, es necesario impulsar políticas migratorias basadas en el respeto a los derechos humanos, la cooperación internacional y la búsqueda de soluciones a largo plazo que aborden las causas estructurales de la migración. No podemos permitir que el miedo y la xenofobia triunfen. La unidad, la organización y la movilización son nuestras herramientas más poderosas para defender la dignidad de nuestros hermanos migrantes y construir un futuro más justo para todos.

Fuente: El Heraldo de México