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20 de junio de 2025 a las 03:15

Protegen a niños en balacera escolar

La zozobra se apoderó de Zitácuaro, Michoacán, la tarde del jueves 19 de junio. El rugir de las armas de fuego, como un siniestro presagio, irrumpió en la cotidianidad de sus habitantes, transformando calles y avenidas en escenario de un violento enfrentamiento entre grupos criminales rivales. El miedo, palpable en el aire, obligó a ciudadanos a refugiarse donde pudieran, mientras el eco de las detonaciones resonaba en cada rincón. La incertidumbre se adueñó de todos, convirtiendo un día cualquiera en una jornada marcada por la violencia.

Desde aproximadamente las 12:30 horas, distintos puntos del municipio, como el Libramiento J. Múgica y la zona del Ex Caballito, se convirtieron en focos de la confrontación. La situación rápidamente escaló, extendiéndose como una mancha de aceite por la ciudad. Camiones atravesados y en llamas bloquearon las entradas y salidas de Zitácuaro, aislando a la población y aumentando la sensación de vulnerabilidad. Las imágenes de una tienda de autoservicio consumida por el fuego, junto con la noticia de un autobús de pasajeros incendiado en Curungueo, pintaban un panorama desolador.

Las redes sociales se convirtieron en un hervidero de información, a veces confusa, a veces aterradora. Videos e imágenes capturados por testigos presenciales mostraban la crudeza de la situación: ráfagas de armas de fuego, negocios cerrando apresuradamente sus puertas, pobladores buscando refugio y estudiantes aterrados tirados en el suelo, siguiendo las instrucciones de sus profesores, intentando protegerse de las balas perdidas. La voz de una maestra, suplicando a su alumno “Agáchate Leo, por favor”, resonaba en la memoria colectiva, testimonio del terror vivido. El temor de los niños, expresado en frases como "Mi mamá se espantó", reflejaba la angustia que se respiraba en cada hogar.

La incertidumbre se cernía sobre Zitácuaro. La espera por información oficial se hacía eterna. ¿Cuántos heridos? ¿Cuántos fallecidos? ¿Quiénes eran los responsables? Preguntas que resonaban en la mente de todos, mientras las autoridades locales y la Fiscalía General del Estado (FGE) trabajaban para esclarecer los hechos. Se esperaba un pronunciamiento oficial que arrojara luz sobre lo sucedido, que confirmara o desmintiera los rumores que corrían de boca en boca.

La suspensión de clases en planteles educativos como la Secundaria Nicolás Romero, al día siguiente, viernes 20 de junio, era una muestra más del impacto de la violencia en la vida cotidiana. La normalidad se había roto. La tranquilidad se había esfumado. Zitácuaro, una ciudad que como tantas otras en México, anhelaba la paz, se enfrentaba una vez más a la cruda realidad de la violencia. La esperanza, sin embargo, se mantenía viva, en la resiliencia de sus habitantes, en su capacidad de sobreponerse a la adversidad y en la búsqueda de un futuro libre de violencia.

Fuente: El Heraldo de México