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20 de junio de 2025 a las 08:05

Erick azota Guerrero: Impacto devastador

La furia de Erick, antes huracán y ahora tormenta tropical, ha dejado una profunda cicatriz en la Costa Chica de Guerrero. A su paso, el meteoro descargó su potencia, pintando un escenario desolador de inundaciones, viviendas destechadas, apagones generalizados y comunidades aisladas del mundo exterior. Veinte horas después del impacto, el panorama a lo largo de la carretera federal Acapulco-Pinotepa Nacional es descorazonador: árboles derribados como gigantes vencidos, postes de luz quebrados y techos desplomados, mudos testigos de la fuerza de la naturaleza.

El tramo carretero en San Isidro, Ometepec, sobre la autopista 200-D, se vio interrumpido por la caída de árboles, obligando al Ejército Mexicano a desplegar personal para despejar la vía y restablecer el paso. La falta de electricidad ha agravado la situación, aislando a comunidades enteras y obligando a sus habitantes a buscar auxilio en las cabeceras municipales. La incertidumbre se cierne sobre la región, mientras la falta de comunicación impide una evaluación precisa de los daños.

Nabor Aragón, habitante de San Nicolás, un municipio de reciente creación, relata la angustia de su comunidad: “No tenemos luz, el nivel del agua subió y muchas casas resultaron afectadas. En el municipio se habilitaron albergues, pero necesitan ayuda. Como no hay comunicación, nadie sabe lo que estamos pasando.” La voz de Aragón refleja la desesperación de quienes se sienten olvidados, atrapados en la oscuridad y la incertidumbre.

La incomunicación se convierte en un enemigo invisible, impidiendo conocer la verdadera magnitud de la devastación. “No se ha dado a conocer que hay damnificados precisamente por la falta de acceso. Hay muchas personas en zonas de riesgo. Sus casas, algunas inhabitables por estar cerca de un barranco, construidas con lámina y madera, materiales precarios, propios de un municipio tan joven”, explica Aragón, pintando un cuadro de vulnerabilidad ante la furia de la naturaleza.

A escasos quince minutos de Punta Maldonado, en la comunidad de Montecillo, municipio de Cuajinicuilapa, la oscuridad reina. Las familias, en penumbras, cuentan con víveres para apenas uno o dos días. Optaron por permanecer en sus hogares ante la incapacidad de los refugios para albergar a todos los afectados. "Sentimos que aquí estábamos más protegidos y por eso decidimos quedarnos”, comparte Guadalupe Abarca, residente de Montecillo, revelando la difícil decisión de elegir entre la incertidumbre del hogar y la saturación de los albergues.

La situación en la Costa Chica de Guerrero exige una respuesta inmediata. Se necesita restablecer la comunicación, evaluar los daños y brindar la ayuda necesaria a las comunidades afectadas. La reconstrucción será un largo camino, pero la solidaridad y la pronta respuesta de las autoridades son cruciales para aliviar el sufrimiento de quienes lo han perdido todo a manos de Erick. La Costa Chica necesita luz, necesita comunicación, necesita ayuda. La Costa Chica necesita esperanza.

Fuente: El Heraldo de México