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20 de junio de 2025 a las 23:25
Descubre la Puerta al Infierno en CDMX
Adéntrate en la oscuridad, si te atreves, y descubre los escalofriantes secretos que envuelven a la Cueva del Diablo. Mucho se habla de lugares embrujados en la Ciudad de México, desde la enigmática Calle del Aguacate hasta la Piedra Encantada de Tlalpan, pero ninguno se compara con la siniestra reputación de este lugar oculto en las entrañas del Cerro de la Estrella. No se trata simplemente de una cueva, sino de un portal, un umbral entre nuestro mundo y las profundidades infernales.
Olvídate de las historias que encuentras en los libros de texto, la verdadera historia del Cerro de la Estrella se susurra en voz baja, de generación en generación. Sí, sabemos que fue el Huizachtecatl para los mexicas, el escenario del sagrado Fuego Nuevo, el ombligo del tiempo. Pero esa historia de luz y renovación contrasta con la sombra que se cierne sobre la Cueva del Diablo. Allí, dicen, reside el mismísimo Diablo, tentando a los incautos con promesas de poder y fortuna a cambio de su alma inmortal.
No son solo cuentos para asustar niños. Los lugareños, quienes conocen la montaña como la palma de su mano, te lo advertirán: la Cueva del Diablo te llama. Se te aparece en sueños, te atrae con una fuerza invisible, especialmente si te encuentras vulnerable, con el espíritu quebrantado o el corazón lleno de dudas. Algunos dicen que la cueva se manifiesta solo a aquellos que están destinados a perderse en ella.
Las historias que circulan sobre la cueva son suficientes para helar la sangre. Se habla de exploradores intrépidos y jóvenes curiosos que, atraídos por la leyenda, se adentraron en la oscuridad y jamás regresaron. Sus voces, dicen, aún se escuchan en las noches sin luna, gemidos de desesperación que se pierden en el viento, un coro fantasmal que suplica en vano por la liberación.
Encontrar la Cueva del Diablo no es tarea fácil, y quizás sea así por una razón. Olvídate de los senderos turísticos y los caminos pavimentados. Para llegar, debes aventurarte por la colonia Santa María Aztahuacán y tomar la ruta menos transitada, la que se pierde entre la densa vegetación del Cerro de la Estrella. Prepárate para una caminata de aproximadamente 40 minutos, cuesta arriba, donde la señal del celular se desvanece y el silencio se vuelve opresivo. A medida que asciendes, sentirás una presencia invisible que te observa, un peso en el pecho que te advierte del peligro.
Llegarás a una planicie de roca volcánica, un paisaje desolado donde los nopales y los troncos secos parecen espectros bajo el cielo gris. Allí, casi imperceptible entre las rocas, se abre una grieta de apenas un metro de ancho. No hay señales, ni advertencias, solo un escalofrío que recorre tu espina dorsal, un presentimiento de que estás a punto de cruzar el umbral hacia lo desconocido.
Quienes han osado asomarse al interior describen una escena digna de las peores pesadillas. La temperatura desciende drásticamente, el aire se vuelve denso y difícil de respirar, y la noción del tiempo se distorsiona. Algunos dicen que han visto sombras moverse en la oscuridad, ojos rojos que brillan en la penumbra, y han sentido el aliento gélido del Diablo en sus nucas.
¿Te atreves a desafiar la leyenda? ¿Te sientes lo suficientemente fuerte para resistir la llamada de la Cueva del Diablo? Recuerda, la oscuridad guarda secretos, y algunos secretos es mejor dejarlos enterrados. El Cerro de la Estrella te espera, con su historia de luz y sombra, de vida y muerte, de lo sagrado y lo profano. La decisión, como siempre, es tuya.
Fuente: El Heraldo de México