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19 de junio de 2025 a las 09:15

Silencio Digital: ¿Protección o Censura?

La sombra de la censura digital se extiende sobre nuestras interacciones en línea, difuminando la línea entre la necesaria moderación de contenidos nocivos y la supresión velada del discurso crítico. Si bien la intención inicial de plataformas como Facebook, Twitter o YouTube era conectar al mundo y democratizar la información, la realidad actual presenta un panorama complejo donde algoritmos opacos deciden qué vemos, qué leemos y qué podemos compartir. Este control algorítmico, bajo el pretexto de combatir el discurso de odio y la desinformación, se convierte en una herramienta poderosa que puede silenciar voces disidentes y moldear la opinión pública de manera sutil pero efectiva.

El problema radica en la falta de transparencia y la arbitrariedad con la que se aplican estas políticas de moderación. ¿Quién decide qué es "ofensivo"? ¿Qué criterios utiliza un algoritmo para determinar si un contenido es "incómodo" o "perjudicial"? La ausencia de un marco regulatorio claro y la concentración de poder en manos de unas pocas empresas tecnológicas generan un desequilibrio que atenta contra la libertad de expresión. Imaginemos, por ejemplo, a un artista que utiliza la sátira política en sus obras. Un algoritmo, incapaz de discernir la intención artística, podría catalogar su trabajo como "incitación al odio" y eliminarlo, privando al artista de su derecho a expresarse y al público de acceder a su obra. O pensemos en un periodista independiente que investiga un caso de corrupción. Sus publicaciones, al ser incómodas para ciertos sectores, podrían ser "shadow baneadas", limitando su alcance y dificultando la difusión de información relevante para la sociedad.

Esta censura invisible se manifiesta de diversas formas: desde la desmonetización selectiva, que asfixia económicamente a creadores de contenido, hasta la manipulación algorítmica que impide que ciertos temas se vuelvan virales. Incluso herramientas aparentemente inocuas como los sistemas de denuncia masiva pueden ser utilizadas para silenciar voces críticas mediante campañas coordinadas de falsos reportes. En este contexto, la ironía, los códigos culturales y las estrategias lingüísticas para evadir la censura se convierten en herramientas de resistencia digital, una suerte de lenguaje cifrado que permite sortear los filtros algorítmicos y mantener viva la llama del debate crítico.

Sin embargo, estas tácticas no son suficientes. Es crucial exigir transparencia a las plataformas digitales, demandar mecanismos de apelación justos y promover una regulación que proteja la libertad de expresión sin caer en la censura arbitraria. La educación digital también juega un papel fundamental. Debemos aprender a identificar las diferentes formas de censura digital, desarrollar un pensamiento crítico frente a la información que consumimos y promover el uso de herramientas que protejan nuestra privacidad y seguridad en línea, como las redes VPN y el navegador Tor.

La lucha contra la censura digital es una batalla por la libertad de expresión en el siglo XXI. Es una lucha que nos concierne a todos, usuarios, creadores de contenido, periodistas, activistas y ciudadanos. Solo a través de la unión, la organización y la exigencia de reglas claras y justas podremos garantizar que el espacio digital siga siendo un lugar para el debate, la crítica y el intercambio libre de ideas. El futuro de la libertad de expresión depende de nuestra capacidad para resistir la sombra de la censura digital y construir un internet más libre y democrático.

Fuente: El Heraldo de México