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19 de junio de 2025 a las 12:35

Recuerda.

La Segunda Guerra Mundial, un conflicto que marcó a la humanidad para siempre, dejó una cicatriz imborrable en la memoria colectiva. Ochenta años después de su fin, el eco de la devastación resuena aún con una fuerza estremecedora. Pero de entre las ruinas, surge la esperanza, la resiliencia y la inquebrantable búsqueda de la paz. El Coro de Madrigalistas, bajo la batuta del maestro Carlos Aransay, se erige como portador de esa antorcha de esperanza con el concierto “Madrigalistas por la paz”, una experiencia musical que trasciende la mera conmemoración para convertirse en un clamor polifónico por la justicia, la memoria y la reconciliación.

No se trata simplemente de recordar el pasado, sino de tejer un puente sonoro entre la historia y el presente, abrazando todos los conflictos, desde los ecos de la guerra hasta las heridas aún abiertas en nuestro propio contexto. "Este concierto no es un simple memorial", afirma Julieta Beas, soprano e integrante del Consejo de Programación del Coro, "es un canto que abraza todos los conflictos: los históricos y los actuales, los de allá y los de aquí". Y es que la paz, como anhelo universal, se ve amenazada constantemente por la violencia estructural que se manifiesta en diversas formas a lo largo y ancho del planeta.

El programa, cuidadosamente seleccionado, articula una narrativa poderosa que explora la complejidad del ser humano frente al conflicto. Desde la música sacra contemporánea hasta las composiciones cargadas de simbolismo, cada pieza es un testimonio del sufrimiento, la esperanza y la lucha por un mundo mejor. El estreno en Bellas Artes de Canti di Prigionia (Cantos de Cautiverio), del compositor italiano Luigi Dallapiccola, es un punto álgido de la velada. Compuesta durante la dictadura de Mussolini como un grito contra la opresión, esta obra maestra, descrita por Beas como "durísima" por su complejidad técnica y su carga emocional, resuena con una fuerza estremecedora en el contexto actual, recordándonos la vigencia de la lucha contra la injusticia.

La música mexicana también tiene un lugar protagónico en este concierto por la paz. El Coro de Madrigalistas estrenará dos obras contemporáneas: Ítaca, de Sergio Berlioz, inspirada en el poema de Konstantinos Kavafis y dedicada al propio coro, y 43, de Eduardo Soto Millán, una pieza minimalista que se convierte en un conmovedor homenaje a los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa. "Cada número, cada nombre, es una vida", señala Beas, "y en un país donde hay más de cien mil personas desaparecidas, esta obra nos recuerda que también estamos en guerra, aunque no lo queramos admitir".

La dimensión humanitaria del concierto se extiende también a los migrantes, especialmente en el contexto actual de Estados Unidos, donde el discurso antiinmigrante ha escalado a niveles alarmantes. Las redadas, las familias separadas, los campos de detención… son realidades que nos interpelan y nos obligan a reflexionar sobre nuestro papel en la construcción de un mundo más justo y compasivo. El concierto también evoca el conflicto entre Israel y Palestina, una herida abierta en la historia de la humanidad que nos recuerda la importancia de aprender del pasado para construir un futuro diferente.

Acompañados por un ensamble de percusiones, dos arpas y dos pianos, el Coro de Madrigalistas nos invita a un viaje musical que explora las profundidades del alma humana. Las notas del arpa, interpretada por Emmanuel Padilla y Nayeli Jurado, tejen un hilo conductor entre el lamento y la esperanza, creando una atmósfera de profunda introspección. El programa incluirá también obras de compositores como Paul Mealor, Pawel Lukaszewski, Herbert Howells y Claude Debussy, enriqueciendo la experiencia con una diversidad de estilos y perspectivas.

El Coro de Madrigalistas, fundado en 1938 por Luis Sandi, se ha consolidado como un referente en la escena musical mexicana, no solo por su excelencia artística, sino también por su compromiso social. "Tenemos una responsabilidad moral de hablar desde el arte", afirma Beas. "No podemos cantar bonito y ya. Tenemos que señalar lo injusto, lo que necesita ser nombrado". Y en este concierto, nombran con nombre y apellido a las víctimas, a los olvidados, a aquellos que han sido silenciados por la violencia. "En tiempos de olvido, la música resiste. Y el coro canta."

Fuente: El Heraldo de México