Inicio > Noticias > Violencia de Género
20 de junio de 2025 a las 02:30
Padre sentenciado: Control extremo lleva a tragedia familiar
Un silencio sepulcral reinaba en la sala del juzgado mientras el juez leía la sentencia. Alfredo “N” permanecía impasible, casi como si no comprendiera la magnitud de las palabras que resonaban en el ambiente. Inducción al suicidio feminicida. Una frase que helaría la sangre a cualquiera, pero que en él parecía no provocar la más mínima reacción. Tres años de investigaciones, de testimonios desgarradores, de un rompecabezas de dolor meticulosamente armado por la Fiscalía, culminaban en este veredicto histórico, el tercero de su tipo en Jalisco y el primero alcanzado en un juicio oral. La historia, sin embargo, se remontaba mucho más atrás, a 2001, cuando Alfredo “N” inició una relación con una adolescente de apenas 13 años. Una relación que pronto se tornaría tóxica, marcada por el control y el abuso, y que culminaría con el nacimiento de una niña, la futura víctima de esta tragedia.
La madre, buscando escapar de las garras de su agresor, se alejó, dejando a la pequeña en un limbo legal que Alfredo “N” aprovechó para obtener la patria potestad. Argumentó adicciones de la madre, una acusación que resonaría con la frialdad de una estrategia calculada, y la niña, aún una bebé, fue enviada a una casa hogar. Allí, durante sus primeros cuatro años de vida, floreció. Las cuidadoras la describían como una niña risueña, colaboradora, llena de vida. Una imagen que contrasta drásticamente con la joven retraída y silenciosa en la que se convertiría bajo el yugo de su padre.
Al salir de la casa hogar, la vida de la joven se transformó en una prisión dorada. Un instituto religioso se convirtió en su nuevo hogar, un lugar donde la vigilancia constante, incluso durante sus momentos más íntimos, era la norma. La mirada controladora de su padre se extendía a cada aspecto de su existencia. La preparatoria, cursada de forma virtual, se convirtió en una excusa para aislarla aún más del mundo exterior, para privarla de la libertad de elegir, de experimentar, de simplemente vivir.
¿Qué pasaba por la mente de esa joven mientras los muros de su casa se cerraban a su alrededor? ¿Cómo se sentía al ser privada de la música, de la televisión, del simple contacto con sus pares? Los testigos hablan de moretones, de un cambio drástico en su comportamiento, de una mirada que había perdido su brillo. Los gritos de Alfredo “N” resonaban en el vecindario, una constante banda sonora de reproches y control. Una atmósfera asfixiante que, según la Fiscalía, la empujó al abismo.
La sentencia, aunque histórica, no devuelve la vida a la joven. No borra el dolor de una vida truncada, de una infancia robada. Sin embargo, sienta un precedente, un rayo de esperanza en la lucha contra la violencia de género. El 23 de junio, la audiencia de individualización de sanciones definirá el futuro de Alfredo “N”. Pero más allá del castigo, la pregunta que queda resonando en el aire es: ¿cuántas historias como esta permanecen ocultas, silenciadas por el miedo y la impunidad? La lucha por la justicia, por una sociedad libre de violencia, recién comienza.
Fuente: El Heraldo de México