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19 de junio de 2025 a las 20:40

Niñera ataca 21 bebés: ¿Impunidad?

La conmoción se extiende por el suroeste de Londres tras la detención de Roksana Lecka, una joven de 22 años que trabajaba en dos guarderías de la zona. Las imágenes captadas por las cámaras de seguridad, que muestran a Lecka agrediendo físicamente a 21 bebés a su cargo, han desatado una ola de indignación y preocupación en la comunidad. Los pequeños, de entre 18 meses y dos años de edad, sufrieron pellizcos, patadas, empujones y otras formas de maltrato físico a manos de quien debía cuidarlos y protegerlos.

La gravedad de las agresiones queda patente en la descripción de las imágenes: patadas en la cara, pisotones en el hombro, pellizcos y arañazos repetidos en brazos, piernas y estómago, incluso debajo de la ropa. La Fiscalía de la Corona ha calificado el caso como “un ejemplo atroz de crueldad excepcional”, destacando la frialdad con la que Lecka actuaba, aprovechando los momentos sin supervisión directa para infligir daño a los bebés. Imaginen la vulnerabilidad de estos pequeños, incapaces de defenderse o de comprender la situación, sometidos a la violencia de una persona en posición de autoridad.

La investigación, iniciada tras la alerta de un compañero de trabajo que sospechó del comportamiento de Lecka, ha sacado a la luz una serie de episodios escalofriantes que ocurrieron entre octubre de 2023 y junio de 2024 en las guarderías Riverside Nursery, en Twickenham, y Little Munchkins, en Hounslow. Es desgarrador pensar en el tiempo que estos niños estuvieron expuestos a este tipo de trato, y en el impacto que estas experiencias podrían tener en su desarrollo emocional y psicológico a largo plazo.

El testimonio de Lecka añade una capa aún más perturbadora al caso. La joven admitió consumir cannabis regularmente antes de sus turnos y ser adicta a los vapeadores, incluso llegando a vapear cerca de los niños. Aunque inicialmente negó las acusaciones, alegando que había tenido un “día normal”, finalmente se declaró culpable de siete cargos de maltrato infantil y fue encontrada culpable de otros 14 por un jurado, siendo absuelta de tres.

Este caso ha abierto un profundo debate sobre la seguridad en las guarderías y la necesidad de reforzar los mecanismos de control y supervisión. La diputada Munira Wilson, representante de Twickenham, ha exigido reformas urgentes, incluyendo visitas sin previo aviso y revisión periódica de las grabaciones de seguridad. La abogada Jemma Till, del bufete Irwin Mitchell, que representa a varias familias afectadas, ha expresado la profunda conmoción y el trauma que están viviendo, advirtiendo que las consecuencias emocionales de estos abusos persistirán durante años.

Las familias, con el corazón roto, se enfrentan ahora a la difícil tarea de ayudar a sus hijos a superar el trauma sufrido. Mientras tanto, la sociedad británica espera con impaciencia la sentencia de Roksana Lecka, prevista para el 26 de septiembre, y exige respuestas sobre cómo se pudo permitir que una situación así se prolongara durante tanto tiempo. Este caso nos recuerda la importancia de estar vigilantes y de exigir los más altos estándares de cuidado y protección para los más vulnerables de nuestra sociedad. El futuro de nuestros niños depende de ello.

La sombra de la duda se cierne sobre el sistema de cuidado infantil británico. ¿Qué falló? ¿Cómo pudo una persona con estos antecedentes y comportamientos pasar los controles y acceder a un puesto de tanta responsabilidad? Estas son preguntas que exigen respuestas y que nos obligan a reflexionar sobre la eficacia de los protocolos de seguridad y la formación del personal en las guarderías.

Más allá de la indignación y la condena social, este caso debe servir como un punto de inflexión para impulsar cambios reales y efectivos en el sistema. No basta con lamentarse o exigir justicia; es necesario implementar medidas concretas que garanticen la seguridad y el bienestar de los niños en todos los entornos de cuidado. La confianza en las instituciones se ha visto gravemente dañada, y reconstruirla requiere un compromiso firme por parte de las autoridades y de todos los actores involucrados en el cuidado infantil.

La historia de Roksana Lecka y los 21 bebés a los que agredió es un triste recordatorio de la fragilidad de la infancia y de la responsabilidad que tenemos como sociedad de proteger a nuestros niños. Que este caso sirva para que nunca más se repita una tragedia semejante.

Fuente: El Heraldo de México