19 de junio de 2025 a las 04:15
Justicia para Martha Mendoza
El silencio sepulcral que se respira en Tepeque, nombre cariñoso con el que los lugareños llaman a Tepalcatepec, contrasta radicalmente con la vibrante cotidianidad que solía inundar sus calles. El bullicio de los niños camino al preescolar, el ajetreo de los trabajadores, la vida misma, parecen haberse detenido en seco. Un manto de miedo se extiende por el municipio, palpable en el aire denso y pesado que se respira. La imagen de las calles desiertas, fantasmagóricas, es un crudo recordatorio de la tragedia que ha enlutado a la comunidad. El eco de las risas infantiles se ha desvanecido, reemplazado por el susurro temeroso de los habitantes que se refugian en sus hogares, presos del miedo. "Ya no sabemos ni qué está pasando", confiesa una madre de familia, reflejando la incertidumbre y la angustia que se han apoderado del pueblo. La simple acción de salir a comprar comida se convierte en un acto de valentía, un desafío a la amenaza invisible que los acecha.
La casa de la presidenta municipal, en la calle Francisco Villa de la colonia Centro, se ha transformado en un improvisado santuario de dolor. Las coronas de flores, enviadas por amigos, estudiantes y trabajadores municipales, son un triste testimonio del cariño y el respeto que Martha Mendoza inspiraba. Sin embargo, no pueden ocultar las huellas de la tragedia: los restos de sangre, aún visibles, son un recordatorio brutal de la violencia que ha segado la vida de la alcaldesa y su esposo. Los féretros, colocados en la cochera, se convierten en el epicentro del duelo colectivo, un punto de encuentro para el dolor y la impotencia de una comunidad que ha perdido a sus líderes.
El párroco de Tepalcatepec, figura cercana y querida por la mayoría de los habitantes, es testigo del temor que se ha adueñado de la población. El sacerdote Juan Carlos Mejía, encargado de la iglesia de San Francisco de Asís, relata cómo las detonaciones de armas de alto poder, que resuenan periódicamente en las orillas del pueblo, mantienen a la comunidad en un estado de alerta constante. "Hacen que se suspendan clases, que se frene la vida cotidiana", lamenta, destacando el impacto devastador que la inseguridad tiene en la vida del municipio. El éxodo de familias, aterradas por la violencia, es una herida abierta en el tejido social de Tepeque.
La ceremonia fúnebre, celebrada en la presidencia municipal, se convirtió en un homenaje póstumo a la pareja. La guardia de honor montada por los policías municipales, la misa de cuerpo presente, el llanto desconsolado de los asistentes, son expresiones del profundo pesar que embarga a Tepalcatepec. La alcaldesa, cariñosamente llamada "Tita", y su esposo, "Lichis", dejan un vacío imposible de llenar.
La solicitud de refuerzos de seguridad y una camioneta blindada, realizada por la alcaldesa al gobierno del estado y trágicamente ignorada, añade una capa de indignación a la tragedia. Fernando Velázquez, secretario del Ayuntamiento, confirma que Martha Mendoza priorizó la seguridad de sus habitantes por encima de la suya propia. Nunca solicitó escoltas personales, centrando sus esfuerzos en obtener protección para toda la comunidad. "Ella siempre pedía la seguridad para todos sus habitantes de Tepalcatepec", afirma Velázquez, subrayando el compromiso y la vocación de servicio de la alcaldesa. La insistencia del Ayuntamiento en la solicitud de apoyo al gobierno del estado se convierte en un clamor desesperado, un llamado urgente a la acción para que la tragedia no se repita y Tepeque pueda, finalmente, vivir en paz. El cierre del Ayuntamiento y la suspensión de clases, tras el crimen, reflejan la parálisis que se ha apoderado del municipio. La incertidumbre sobre el futuro se suma al dolor de la pérdida, creando un panorama desolador para los habitantes de Tepalcatepec.
Fuente: El Heraldo de México