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19 de junio de 2025 a las 17:30

De fotógrafo a Kiko: Villagrán en el 68 y 70

Pocos podrían imaginar que detrás de las icónicas pecas y el característico llanto de "Quico", se escondía un agudo observador, un cronista silencioso de momentos históricos. Mucho antes de que el "¡Chusma, chusma!" resonara en la televisión de millones, Carlos Villagrán, el hombre que daría vida a este entrañable personaje, se abría paso en el mundo periodístico como reportero gráfico de "El Heraldo de México". Imaginen a un joven Villagrán, cámara en mano, capturando la energía vibrante de los Juegos Olímpicos de 1968, la euforia colectiva que inundó a México. ¿Qué imágenes habrán quedado grabadas en su retina, qué historias habrá presenciado en aquel evento que marcó un hito en la historia del deporte mundial?

Dos años después, en 1970, México se convertía nuevamente en el epicentro del deporte, esta vez con el Mundial de Fútbol. Y allí estaba Villagrán, testigo privilegiado de la magia del "jogo bonito" desplegada por la selección brasileña, liderada por el mítico Pelé. "Tuve la oportunidad de conocer a Pelé", confesó el comediante en una entrevista radial, sus palabras cargadas de nostalgia y admiración. No es difícil imaginar la escena: un joven reportero gráfico, entre la multitud de periodistas, acercándose al astro del fútbol, quizás con una tímida solicitud de fotografía, quizás intercambiando unas breves palabras. Un encuentro fugaz, pero imborrable en la memoria de quien años después se convertiría en un ícono de la comedia latinoamericana.

Esa credencial de prensa, que le permitía acceder a los eventos deportivos más importantes de la época, también se convirtió en su llave para adentrarse en el fascinante mundo de la televisión. Villagrán, con la audacia que lo caracteriza, aprovechaba cada oportunidad para visitar las instalaciones de Telesistema Mexicano. Su perseverancia dio frutos: comenzó a trabajar como extra, codeándose con figuras de la talla de Capulina y Los Polivoces, empapándose del ambiente televisivo, aprendiendo los secretos del oficio.

Esos primeros pasos, aparentemente alejados de los escenarios cómicos, fueron forjando el camino que lo llevaría a su encuentro con Roberto Gómez Bolaños, "Chespirito". Y así, como un guión cinematográfico, la vida de Carlos Villagrán dio un giro inesperado. De la lente de la cámara a la pantalla chica, de capturar la realidad a crear un universo de fantasía y humor que trascendería generaciones. Quién diría que aquel joven reportero gráfico, testigo silencioso de grandes acontecimientos, se convertiría en uno de los comediantes más queridos y recordados de la historia de la televisión. Una historia que demuestra que los sueños, a veces, se gestan en los lugares más inesperados. Y que la pasión, la perseverancia y una pizca de audacia, pueden llevarnos a destinos inimaginables.

Fuente: El Heraldo de México