20 de junio de 2025 a las 02:50
Amenaza de bomba obliga a aterrizaje forzoso
La tensión se palpaba en el aire. El sol canario, habitualmente un símbolo de tranquilidad y vacaciones, parecía brillar con una intensidad inquietante sobre el aeropuerto de Lanzarote este jueves. Un vuelo de Tui, el BY6422 procedente de Cardiff, con casi 200 almas a bordo ilusionadas con sus vacaciones en las islas, se convirtió en el epicentro de una emergencia que paralizó momentáneamente la actividad aeroportuaria. El motivo: una amenaza de bomba.
Imaginen la escena: familias expectantes por comenzar su descanso, parejas ansiosas por disfrutar del sol y la playa, amigos listos para la aventura, todos ajenos a la sombra de peligro que se cernía sobre ellos. A las 10:55, hora local, el hallazgo de una nota manuscrita en el baño del avión desató la alarma. Un mensaje escueto, directo, aterrador: la posible presencia de un artefacto explosivo a bordo.
El capitán, con la serenidad que exige la responsabilidad de cientos de vidas en sus manos, notificó de inmediato a la torre de control. Se activó el protocolo de emergencia, un mecanismo perfectamente engrasado que transformó la rutina del aeropuerto en una coreografía de precisión. El avión, en lugar de dirigirse a la puerta de desembarque, fue desviado a una zona aislada, lejos de la terminal y de cualquier posible riesgo para el resto de los viajeros.
La Guardia Civil, con la eficacia y profesionalidad que la caracteriza, tomó las riendas de la situación. Los TEDAX, especialistas en desactivación de explosivos, se desplegaron con la celeridad y la meticulosidad que exige su labor. Cada rincón del avión, cada maleta, cada compartimento, fue escrupulosamente revisado. Paralelamente, las unidades de investigación iniciaban la búsqueda del responsable de la amenaza, una carrera contrarreloj para desentrañar los motivos detrás de este acto que puso en jaque la seguridad aérea.
Las horas transcurrían lentamente, cargadas de incertidumbre. La angustia de los pasajeros, confinados en el avión, se mezclaba con la tensión de los familiares que esperaban noticias en la terminal. El rumor del incidente corría como la pólvora, amplificado por las redes sociales, generando un clima de inquietud que se extendía más allá del aeropuerto.
Finalmente, tras una exhaustiva búsqueda, llegó el alivio. Los TEDAX confirmaron que no se habían encontrado explosivos. La amenaza era falsa. Un suspiro colectivo se escuchó, seguramente, en Lanzarote y más allá. La pesadilla había terminado.
Sin embargo, la investigación seguía su curso. Las primeras pesquisas apuntan a un pasajero galés como autor de la nota. ¿Qué le motivó a realizar semejante acto? ¿Un brote de locura? ¿Una broma macabra? ¿Un intento de sabotaje? Las preguntas, por ahora, superan a las respuestas. Las autoridades mantienen la discreción, centrándose en recabar pruebas y esclarecer todos los detalles de este incidente que, aunque no causó daños físicos, dejó una profunda huella en la tranquilidad de los viajeros y en la operativa del aeropuerto de Lanzarote. Aunque las operaciones volvieron a la normalidad con algunas demoras, el recuerdo de la amenaza seguirá presente, recordándonos la fragilidad de la seguridad y la importancia de la colaboración ciudadana para prevenir este tipo de situaciones.
Fuente: El Heraldo de México