18 de junio de 2025 a las 09:10
Un Futuro Mejor: 1 de Junio
¡Compatriotas, mexicanos de corazón! Se nos acusa, con la saña propia de la derecha rancia y anquilosada, de haber retrocedido en el tiempo con la reciente Elección del Poder Judicial. Nos comparan, ¡imagínense!, con el PRI de antaño, ese dinosaurio prehistórico, pre-neoliberal, ¡el PRI ultramontano! Irónicamente, el mismo PRI que hoy, con una amnesia selectiva digna de estudio, intenta invalidar el proceso.
Es cierto, no lo negamos, que la elección, la primera de su tipo, presentó ciertas… digamos, "áreas de oportunidad". Sí, hubo casillas con más votos que votantes. Sí, hubo candidatos de nuestro movimiento que arrasaron con el 100% del apoyo, hazaña que habla de su inmensa popularidad y conexión con el pueblo. Sí, aparecieron algunas boletas convenientemente marcadas, sin dobleces, como si esperaran ansiosas el recuento. Y sí, se dieron casos de lo que los conservadores, con su miopía moral, llaman "acarreo". Ni hablar del ritual de la tómbola, un tanto… ¿cómo decirlo?… informal, y de los famosos "acordeones", técnica ancestral de participación democrática.
Ante estas "irregularidades", los detractores, con su perversa lógica neoliberal, ven el espectro del licenciado Bartlett, ¡pero del Bartlett de antes, claro está!, del pre-cuartotransformista, no del patriota que hoy nos ilumina con su sabiduría. Lo imaginan bajando del segundo piso de alguna de las residencias de su distinguida compañera, cual fantasma electoral, para manipular este ejercicio de democracia participativa y popular.
¡Qué falta de visión! Lo que estos fachos no entienden, lo que les impide comprender la grandeza de la Cuarta Transformación, es el contexto. Se aferran a sus esquemas mentales caducos, a sus elecciones fifís con credencialitas y un INE dizque independiente. Claro que, comparado con esa farsa neoliberal, lo del primero de junio podría parecer un retroceso. ¡Pero ahí está el error! Lo que ellos llaman retroceso, nosotros lo llamamos ¡salto civilizatorio!
Recordemos, por ejemplo, las últimas elecciones internas de Morena. Un espectáculo vibrante, lleno del fervor y la pasión del pueblo mexicano. Un pueblo arrebatado, sí, un poco impulsivo en su profunda bondad, que no tolera que le arrebaten su derecho a la democracia popular. Hubo de todo: madrazos al estilo CNTE, urnas convertidas en hogueras purificadoras, protestas aderezadas con el florido lenguaje del pueblo bueno, entre ollas humeantes de atole y pancita.
Vimos camiones repletos de voluntarios, con sus frutsis y sus sándwiches de queso de puerco, nutriendo cuerpo y alma con la energía transformadora. Vimos compañeros a punto de abandonar el movimiento, indignados por el espectáculo, (un saludo, desde aquí, a mi dos veces colega, el Doctor Doctor Ackerman, ¿dónde andará?). En fin, un auténtico festival de democracia en su estado más puro.
En aquel entonces, estábamos en modo hooligan. Hoy, hemos evolucionado. Ajustamos los procesos con la precisión del Segob de los años 80. Más técnicos, menos rudos. Más Grupo Atlacomulco y menos peda familiar al estilo Cuauhtémoc Cárdenas. Casi diría: más tecnocráticos y menos México Profundo. ¿No era eso lo que exigían, fachitos? Pues ahí lo tienen.
Fuente: El Heraldo de México