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18 de junio de 2025 a las 06:00

Supera la pobreza: La historia de un integrante de BTS.

La historia de Min Yoongi, conocido mundialmente como Suga de BTS, es un testimonio conmovedor de perseverancia, pasión y la incansable búsqueda de un sueño. Mucho antes de los estadios llenos, los premios internacionales y el reconocimiento global, Suga navegó por un mar de dificultades económicas que pondrían a prueba la determinación de cualquiera. Su camino, desde las calles de Daegu hasta la cima de la industria musical, es una inspiración para jóvenes artistas y una lección de vida para todos.

Imaginen a un joven Suga, recién llegado a la vibrante, pero abrumadora, Seúl. Con 17 años, cargado de talento y una maleta llena de sueños, se enfrenta a una realidad cruda: la disyuntiva entre alimentarse o transportarse a las prácticas en Big Hit Entertainment. Esa elección, tan básica y a la vez tan desgarradora, nos da una idea del sacrificio que estaba dispuesto a hacer por su música. Mientras otros jóvenes de su edad quizá disfrutaban de la despreocupación propia de la adolescencia, Suga luchaba por sobrevivir en una ciudad desconocida, aferrándose a la esperanza de un futuro en la música.

La industria del K-Pop, con sus exigencias y rigores, no se lo puso fácil. Largas jornadas de entrenamiento, restricciones financieras y la constante presión por alcanzar la perfección, creaban un ambiente desafiante incluso para los más resilientes. En ese crisol de talento y competencia, Suga no se amilanó. Se armó de valor y, con una determinación admirable, buscó la manera de mantenerse a flote. Trabajó a medio tiempo, sacrificando horas de descanso y ocio para poder subsistir y seguir persiguiendo su pasión. Compuso música para otros artistas, puliendo su talento y aprendiendo los entresijos de la industria mientras generaba ingresos que le permitían continuar en Seúl, el epicentro de sus aspiraciones.

Su creatividad innata y su habilidad para plasmar emociones en letras se convirtieron en su salvavidas. Esas canciones, vendidas por unas pocas monedas, representaban mucho más que una transacción económica; eran la manifestación de su talento, la prueba tangible de su dedicación y la semilla de lo que se convertiría en una carrera excepcional. Cada composición era un paso más hacia su sueño, un acto de resistencia ante la adversidad y una declaración de amor a la música.

El debut con BTS en 2013 marcó un punto de inflexión, pero no el final del camino. Suga, ya no solo un joven con un sueño, sino un artista con una historia que contar, aportó al grupo una sensibilidad única, una profundidad lírica que resonó con millones de personas en todo el mundo. Sus experiencias, sus luchas y sus triunfos se convirtieron en la materia prima de canciones que abordaban temas universales como la presión social, la búsqueda de la identidad y la importancia de perseguir los sueños.

Hoy, Suga no es solo un rapero de renombre internacional, es un compositor y productor aclamado, con más de 100 canciones acreditadas a su nombre. Su historia, tejida con hilos de sacrificio, perseverancia y una inquebrantable pasión por la música, es un faro de esperanza para aquellos que se atreven a soñar en grande, incluso cuando las circunstancias parecen conspirar en su contra. Es la prueba viviente de que el talento, combinado con el trabajo duro y la determinación, puede superar cualquier obstáculo y alcanzar las estrellas. Y es, sin duda, una historia que merece ser contada, celebrada e imitada.

Fuente: El Heraldo de México