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18 de junio de 2025 a las 18:30

Recreando el Eclipse: Fotos Espaciales

El universo, ese vasto océano de misterios, ha sido testigo de un hito tecnológico sin precedentes. Imaginen poder controlar los astros, orquestar un eclipse solar a voluntad, como si de una sinfonía cósmica se tratase. Pues bien, la Agencia Espacial Europea (ESA), en un alarde de ingenio y precisión, ha logrado lo impensable: recrear un eclipse solar artificial en el espacio. La misión Proba-3, una joya de la ingeniería espacial compuesta por dos minisatélites que danzan en una coreografía milimétrica a 144 metros de distancia, ha abierto una ventana sin precedentes al corazón de nuestra estrella.

El 16 de junio de 2025 quedará grabado en los anales de la ciencia como el día en que la humanidad eclipsó al Sol. Tras semanas de pruebas que mantuvieron en vilo a la comunidad científica, las primeras imágenes, deslumbrantes en su detalle, revelaron la corona solar, esa aura enigmática que solo se deja entrever durante los fugaces minutos de un eclipse natural. Ahora, gracias a Proba-3, los científicos podrán estudiarla durante más de seis horas por jornada orbital, un festín de datos que promete revolucionar nuestra comprensión del astro rey.

¿Qué secretos esconde la corona solar, ese halo de plasma sobrecalentado que se extiende millones de kilómetros en el espacio? ¿Cómo se originan las violentas eyecciones de masa coronal (CME), capaces de perturbar las redes eléctricas, silenciar los satélites y desorientar nuestros sistemas GPS? ¿Y qué papel juega el viento solar, ese flujo constante de partículas cargadas, en el clima espacial y en la delicada danza entre el Sol y la Tierra? Estas son solo algunas de las preguntas que Proba-3, con su mirada penetrante, se propone responder.

El dúo de satélites que conforma esta misión, el Occulter Spacecraft (OSC) y el Coronagraph Spacecraft (CSC), trabajan en perfecta armonía. El OSC, cual escudero fiel, porta un disco que bloquea la luz directa del Sol, simulando una luna artificial. El CSC, a su vez, con su instrumento ASPIICS, captura las imágenes de la corona solar con una nitidez asombrosa. Juntos, crean un eclipse a la carta, un espectáculo cósmico libre de las interferencias de la atmósfera terrestre, con una precisión jamás alcanzada. Cada 19.6 horas, durante seis horas de ballet espacial, el OSC proyecta su sombra sobre el CSC, brindando a los científicos un acceso privilegiado a los misterios del Sol.

Desde su lanzamiento en diciembre de 2024 desde la India, Proba-3, con un presupuesto de 210 millones de dólares, se ha convertido en un faro de la exploración espacial. Se esperan más de 50 eclipses artificiales por año, miles de horas de observación que serán compartidas con científicos de todo el mundo. A diferencia de los eclipses naturales, caprichosos e impredecibles, Proba-3 ofrece la posibilidad de programar los eclipses a voluntad, desde una plataforma privilegiada, libre de las distorsiones atmosféricas que limitan las observaciones terrestres.

Pero la proeza tecnológica de Proba-3 no se limita a la recreación de eclipses solares. Por primera vez, dos satélites vuelan en formación milimétrica sin estar conectados físicamente, un logro que abre un nuevo capítulo en la historia de la exploración espacial. Este sistema, basado en sensores ópticos, láseres y micropropulsores, valida tecnologías clave para futuras misiones astronómicas de gran escala. Imaginen las posibilidades: telescopios espaciales gigantes, capaces de observar los confines del universo con una resolución sin precedentes, construidos a partir de múltiples satélites que danzan en una coreografía precisa, orquestada por la mano invisible de la tecnología. El futuro de la astronomía está aquí, y Proba-3 es su preludio.

Fuente: El Heraldo de México