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18 de junio de 2025 a las 09:15

Morena: Pacifismo a toda prueba

La memoria colectiva a menudo nos juega malas pasadas, difuminando los contornos de la historia. Pero quienes vivimos aquellos días posteriores al 2006, recordamos con claridad la indignación que se respiraba en el aire. No era una indignación vacía, sino un clamor ante la injusticia, un grito ahogado por la antidemocracia que se imponía. La respuesta del calderonismo, lejos de buscar el diálogo y la reconciliación, fue la represión. El ejército en las calles, una imagen que resonaba con épocas oscuras de nuestra historia, se convirtió en el símbolo de un gobierno que le daba la espalda a su pueblo.

En ese contexto de tensión y zozobra, nació Morena. No como un partido político tradicional, sino como un movimiento. Un movimiento que canalizaba la rabia y la frustración, pero que, a diferencia de lo que muchos esperaban, apostó por la vía pacífica. Recordemos las voces que se alzaban en los campamentos de Reforma: "Si Andrés Manuel lo pide, el pueblo se levanta". Era un clamor que reflejaba la profunda decepción con el sistema, con los gobiernos del PRIAN y sus pactos de corrupción. La posibilidad de una respuesta violenta era real, palpable. Pero López Obrador, con la visión de un verdadero líder, supo encauzar esa energía hacia la organización popular, hacia la construcción de un movimiento pacífico y transformador.

Las carpas instaladas en Reforma no fueron un símbolo de guerra, sino de comunidad. Se convirtieron en espacios de debate, de organización, de encuentro. Se bailaba, se cantaba, se jugaba fútbol. Era la demostración palpable de que la transformación social no requería de balas ni de golpes, sino de argumentos, de diálogo, de asambleas. Esa decisión, profundamente ética, marcó el ADN de Morena.

Por eso, resulta no solo injusto, sino absurdo, que hoy se intente pintar a nuestro movimiento como violento. La reciente acusación que intenta vincularnos con las protestas en Los Ángeles es una muestra más de esta estrategia de desprestigio. Una estrategia que, por cierto, fue rápidamente adoptada por la Secretaria de Seguridad estadounidense, demostrando la facilidad con la que se instrumentalizan estas narrativas en contra del interés de México. Pero esta no es una táctica nueva. Desde los tiempos en que López Obrador defendía pacíficamente los pozos petroleros en Tabasco, la derecha ha intentado distorsionar nuestra lucha, presentándola como una agresión. Lo que realmente les molesta es lo que representamos: una amenaza real a sus privilegios, a su forma de hacer política.

Nuestra historia es la historia de un pueblo que, incluso en los momentos más difíciles, ha optado por la paz. Y con Claudia Sheinbaum como presidenta, reafirmamos nuestro compromiso con la democracia, con el diálogo, con la construcción colectiva.

El contraste con la oposición es evidente. Mientras nosotros nos organizamos y trabajamos por el bien del país, el presidente del PAN, Jorge Romero, declara abiertamente que “frente a Morena, lo único que le queda a la oposición es la violencia”. Sus palabras son una confesión, un reflejo del vacío de un proyecto político sin ideas, sin legitimidad, que solo busca destruir lo que no puede construir.

Son los mismos de 2006. Y nosotros también somos los mismos. Los que creemos en el poder del voto, en la transformación pacífica, en la dignidad que nace de la organización popular. Morena es un partido pacífico, no por debilidad, sino por convicción. Porque sabemos que la verdadera fuerza reside en la convicción, en la participación, en la unidad del pueblo.

Fuente: El Heraldo de México