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18 de junio de 2025 a las 09:30

Homenaje a Juan Manuel de la Rosa y el Hospital General de Fresnillo

En el corazón de Zacatecas, en el Hospital General de Fresnillo, se despliega una obra que trasciende la mera intervención artística para convertirse en un bálsamo para el alma. Juan Manuel de la Rosa, con la sensibilidad de un alquimista, ha fundido su ser con el paisaje, creando un espacio donde la elocuencia del silencio evoca rituales ancestrales, una comunión entre la tierra y el cielo que recuerda a los versos visionarios de Isidore Ducasse.

Esta obra no es un simple adorno, sino una piel que reviste la estructura del hospital, un rostro que emana de sus entrañas. La armonía entre el interior y el exterior se manifiesta en la danza de formas y volúmenes, donde los usos prácticos se entrelazan con la fantasía, y la imaginería cobra vida a través de materiales cuidadosamente seleccionados. Se percibe la huella del sintetismo de La Quemada y Chicomoztoc, con un toque minimalista zen que invita a la contemplación y la serenidad.

De la Rosa se erige como un puente entre los anhelos de quienes buscan alivio y la labor de aquellos que se dedican a mitigar el dolor. Su obra se nutre de la interacción con los canteros y orfebres, los recolectores de esos tesoros minerales que los chinos llaman "huevos de dragón", los fundidores y ebanistas, los pacientes y sus familias, y los modernos curanderos que transitan por los pasillos del hospital. La cordillera de Jerez se convierte en un testigo silencioso de esta alquimia artística, un símbolo paradójico que susurra la posibilidad de la sanación, la esperanza frente a la adversidad, y la conquista de la paz interior.

El arte de De la Rosa no es una capa superficial, sino una emanación del ser del edificio. Es piel adherida desde dentro, rostro de sus vísceras, barniz de sus huesos. Esta integración plástica se convierte en una realidad tangible porque nace de lo profundo, rasgando los materiales para revelarse con la naturalidad de un milagro. La obra se presenta con discreción, sin estridencias ni tentaciones, evitando la repetición de fórmulas preconcebidas.

Su insaciable curiosidad por los materiales y las técnicas lo impulsa a una constante investigación y experimentación, alejado del lirismo fácil, construyendo una iconografía arraigada en la tierra. La simpleza y la naturalidad son las claves de su lenguaje, prescindiendo de artificios y sofisticaciones innecesarias.

De la Rosa no se abandona a la improvisación, sino que se nutre de la historia del arte. Su mirada se detiene en las soluciones y las perspectivas de maestros como Rogier van der Weyden, Hans Memling y Matthias Grunewald, encontrando inspiración en la arquitectura hospitalaria del pasado. Sin embargo, su obra también abreva en las tradiciones locales, utilizando pigmentos naturales como el óxido de hierro, fijados con baba de nopal y alumbre, aplicados con pinceles artesanales elaborados con flores de agave lechugilla. Los muros se visten con pañete y temple de huevo, la cantera resplandece con relieves esculpidos en la misma piedra, y la fachada principal se engalana con mosaicos venecianos, obra del mismo Luigi Scodeller que colaboró con Diego Rivera en el Teatro de los Insurgentes. Incluso, una escultura de meteorito añade un toque de misterio cósmico a este conjunto.

La obra de Juan Manuel de la Rosa en el Hospital General de Fresnillo es una visita obligada, una experiencia que invita a la reflexión y a la sanación, un testimonio del poder transformador del arte en el espacio donde la vida y la muerte se entrelazan.

Fuente: El Heraldo de México