18 de junio de 2025 a las 09:35
Dueto Explosivo: Shakira y Sanz
El mundo se tambalea en una cuerda floja, con múltiples crisis que amenazan con desestabilizarlo. Desde un Medio Oriente inflamado por las ambiciones de un líder militarista que somete a Gaza a una hambruna devastadora, mientras Teherán arde y Tel Aviv se encuentra en un estado de constante zozobra, hasta la creciente tensión en Estados Unidos, donde la población se levanta en protesta contra un gobierno que parece deslizarse hacia el autoritarismo, el panorama global es sombrío.
En México, el debilitamiento de la democracia es palpable. La figura del caudillo se fortalece, mientras la presidenta lucha contra una oposición que, en lugar de proponer soluciones, se enfrasca en un discurso de racismo y clasismo, llegando al extremo de justificar las violaciones de derechos humanos cometidas por un gobierno extranjero contra ciudadanos mexicanos. La crisis de los desaparecidos se agudiza, pero la respuesta es la frivolidad y la mezquindad, mientras el crimen organizado extiende sus tentáculos a todos los ámbitos de la vida nacional.
La democracia, como modelo de gobierno, parece estar en retroceso. Países como Francia y Canadá, bastiones tradicionales de este sistema, se debaten en la ingobernabilidad, producto de la polarización y la fragmentación social. Y, sobrevolando todas estas crisis, se encuentran los dos grandes desafíos de nuestro tiempo: el cambio climático, una amenaza existencial para la humanidad, y la pobreza, un problema endémico que perpetúa la desigualdad y la injusticia.
Si bien es cierto que la situación actual no es la peor de la historia para las mujeres, las disidencias sexuales o las minorías étnicas y religiosas, la plena igualdad sigue siendo una meta lejana. Las cifras son alarmantes: el 6% de las mujeres en el mundo afirman haber sido víctimas de violencia sexual por parte de alguien que no es su pareja, y 15 millones de adolescentes han sido forzadas a mantener relaciones sexuales contra su voluntad.
En medio de este panorama desolador, la atención mediática se centra en el drama personal de Ivet Playá, quien ha decidido compartir públicamente su historia con el cantante Alejandro Sanz. Según su relato, inició una relación online con el artista a los 18 años, cuando él tenía 46. Asegura que la relación se volvió “íntima y sexual” años después, cuando ella tenía 22 y trabajaba para él. Playá ha aclarado que no acusa a Sanz de ningún delito, sino que su reproche es de índole "moral".
Si bien la conducta de Sanz puede ser cuestionable desde un punto de vista ético, la ausencia de un delito –violación, abuso, estupro– nos obliga a preguntarnos si esta historia merece la atención que está recibiendo. ¿No sería más responsable centrar nuestros esfuerzos en las verdaderas víctimas de violencia sexual, en lugar de alimentar un debate mediático sobre una relación entre dos adultos? En un mundo plagado de injusticias y tragedias, es fundamental priorizar nuestras batallas. Quizás sea momento de dejar atrás la frivolidad y enfocarnos en los problemas que realmente importan. El mundo nos necesita.
Fuente: El Heraldo de México