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18 de junio de 2025 a las 21:05

Director de Cereso de Tuxpan asesinado tras amenazas

La noche del 17 de junio, la tranquilidad del centro de Tuxpan, Veracruz, se vio brutalmente interrumpida por el eco de las balas. Antonio Huesca Figueroa, director del Centro de Readaptación Social (Cereso) de la ciudad, fue asesinado al interior de su vehículo, un Volkswagen blanco, en la calle Garizurieta. Este acto de violencia, perpetrado a sangre fría, no solo arrebató la vida de un funcionario público, sino que también puso en evidencia la vulnerabilidad del sistema penitenciario y la creciente inseguridad que azota a la región norte del estado.

El ataque, que se presume fue una ejecución directa, ocurrió entre las calles Arteaga y Fausto Vega. Testigos presenciales describen la escena con horror: sujetos armados sorprendieron a Huesca Figueroa dentro de su automóvil y abrieron fuego sin mediar palabra. La rapidez y precisión del ataque sugieren una planificación previa y un conocimiento preciso de la rutina del director del Cereso. Las autoridades, al llegar al lugar de los hechos, encontraron al funcionario sin vida dentro de su vehículo, acordonando la zona de inmediato.

La noticia del asesinato se propagó rápidamente por Tuxpan, generando una ola de consternación e indignación entre la población. No es para menos. La ejecución de un funcionario de alto rango del sistema penitenciario no solo representa una pérdida irreparable para la comunidad, sino que también expone la fragilidad de las instituciones encargadas de la seguridad y la justicia. ¿Qué garantías de seguridad pueden ofrecer a la ciudadanía si quienes están al frente de la lucha contra el crimen son víctimas de la violencia que se supone deben combatir?

Este lamentable suceso no es un hecho aislado. Recordemos que el pasado 11 de marzo, una manta con amenazas directas contra Antonio Huesca Figueroa apareció colgada en las letras turísticas de Tuxpan, un claro mensaje de intimidación que, trágicamente, se materializó meses después. Este antecedente pone de manifiesto la necesidad de fortalecer los mecanismos de protección para los funcionarios que se encuentran en la línea de fuego contra la delincuencia organizada. ¿Qué medidas se tomaron después de la aparición de la manta? ¿Se le brindó la protección necesaria al director del Cereso? Estas son preguntas que exigen respuestas claras y contundentes por parte de las autoridades.

La Fiscalía General del Estado (FGE) ha asumido la investigación del caso, con la responsabilidad de esclarecer los hechos y llevar a los responsables ante la justicia. La tarea no será fácil. La complejidad del crimen organizado y la penetración de sus tentáculos en las estructuras del poder requieren de una investigación exhaustiva y transparente, que no deje lugar a dudas ni especulaciones. La sociedad veracruzana exige justicia, y la FGE tiene la obligación de responder a esa demanda con resultados concretos.

La ejecución de Antonio Huesca Figueroa no es solo un atentado contra su vida, sino un ataque directo al estado de derecho. Es un llamado de atención urgente para que las autoridades implementen estrategias más efectivas en el combate a la delincuencia y garanticen la seguridad de los funcionarios públicos y de la ciudadanía en general. Tuxpan, Veracruz, y todo México, merecen vivir en paz.

La movilización de fuerzas federales y estatales tras el atentado, aunque necesaria, llega tarde. La prevención, la inteligencia y la protección efectiva son cruciales para evitar que estos hechos se repitan. ¿Qué medidas se implementarán a partir de ahora para proteger a los funcionarios del sistema penitenciario? ¿Se revisarán los protocolos de seguridad? ¿Se investigará la posible colusión de personal interno con el crimen organizado? El asesinato de Antonio Huesca Figueroa debe ser un punto de inflexión en la lucha contra la impunidad y la violencia que aqueja al país. No podemos permitir que la sangre de otro servidor público se derrame en vano.

Fuente: El Heraldo de México