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18 de junio de 2025 a las 21:00
Desata tu niño interior bajo la lluvia
El fascinante mundo de los pluviófilos, esos amantes de la lluvia que encuentran una peculiar alegría en el sonido del agua golpeando el pavimento, en el aroma a tierra mojada y en la sensación de las gotas deslizándose por su piel, ha despertado la curiosidad de muchos. A menudo, se les observa con una sonrisa serena mientras el resto del mundo busca refugio apresurado, disfrutando de un espectáculo natural que para otros representa una molestia. ¿Qué se esconde tras esta peculiar afinidad por los días grises y lluviosos? Mucho más allá de una simple rareza, la pluviofilia, como se le ha denominado, nos habla de una sensibilidad especial, de una conexión profunda con la naturaleza y de una capacidad de encontrar belleza en lo que comúnmente se percibe como adverso.
Lejos de ser una patología o un comportamiento extraño que requiera atención médica, la pluviofilia se manifiesta como una preferencia, una inclinación natural a disfrutar de la lluvia y de las sensaciones que evoca. No se trata de una obsesión desmedida ni de una conducta compulsiva, sino de una forma particular de experimentar el mundo, de encontrar paz y sosiego en el ritmo constante del agua cayendo. De hecho, muchos pluviófilos asocian la lluvia con la calma, la introspección y la creatividad. El sonido del agua actuando como una melodía relajante, un bálsamo para el alma que permite desconectar del ruido cotidiano y conectar con su mundo interior.
La lluvia, con su poder purificador, limpia las calles y renueva el aire, ofreciendo una sensación de frescura y renovación que resulta especialmente atractiva para los pluviófilos. El petricor, ese aroma característico que se desprende de la tierra mojada, se convierte en un perfume embriagador que despierta recuerdos y emociones. Para algunos, la lluvia representa un lienzo en blanco, un nuevo comienzo, una oportunidad para dejar atrás lo viejo y abrazar lo nuevo. Es un símbolo de esperanza, de fertilidad y de vida.
Si bien es cierto que algunas personas pueden experimentar un estado de ánimo más decaído en días soleados, esto no implica necesariamente una patología. Cada individuo tiene sus propias preferencias y se siente cómodo en diferentes ambientes. Del mismo modo que algunas personas se sienten revitalizadas por el sol, otras encuentran en la lluvia una fuente de energía y bienestar. La clave está en comprender y respetar la diversidad de las experiencias humanas, sin juzgar ni etiquetar aquello que se sale de la norma.
Así que la próxima vez que veas a alguien disfrutando de la lluvia, no lo mires con extrañeza. Recuerda que la felicidad se encuentra en las pequeñas cosas, en la capacidad de apreciar la belleza en todas sus formas, incluso en la melancolía de un día gris. Tal vez, en lugar de buscar refugio, te animes a experimentar la magia de la lluvia, a conectar con tu niño interior y a descubrir la pluviofilia que llevas dentro. Quizás te sorprendas.
Fuente: El Heraldo de México