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17 de junio de 2025 a las 09:25

Libérate de las Comparaciones: Vive TU Vida

La presión por el rendimiento, amplificada por la omnipresencia de las redes sociales, se ha convertido en una sombra alargada que acecha a muchos corredores. Ya no corremos solo por el placer de sentir el viento en la cara o la satisfacción de superar nuestros propios límites. Ahora, la mirada ajena, real o imaginada, pesa sobre nuestros hombros como una mochila llena de piedras. Nos obsesionamos con los tiempos, con las marcas personales, con la aprobación virtual de desconocidos que, paradójicamente, también luchan contra sus propios demonios internos.

Esta búsqueda incesante de la validación externa nos lleva a compararnos constantemente con otros corredores, especialmente con esos "influencers" que, de la noche a la mañana, se erigen como gurús del running, ofreciendo consejos y mostrando una aparente perfección que rara vez se corresponde con la realidad. Nos bombardean con imágenes de cuerpos esculturales, récords imposibles y una felicidad impostada que nos hace sentir inadecuados, lentos, fracasados.

Caemos en la trampa de creer que el éxito se mide en kilómetros por hora, en minutos y segundos. Olvidamos que la verdadera esencia del correr, como la de cualquier deporte, reside en el disfrute, en la superación personal, en la conexión con nuestro propio cuerpo. Nos olvidamos de escuchar nuestras propias necesidades, de respetar nuestros ritmos, de celebrar cada pequeño logro.

Los maratonistas de élite, esos seres humanos que llevan su cuerpo al límite, son un ejemplo de esfuerzo y dedicación. Su lucha contra el reloj, contra la edad, contra sus propios límites, es admirable. Pero no debemos caer en la tentación de compararnos con ellos. Su realidad es distinta a la nuestra. Ellos se dedican profesionalmente a esto, nosotros corremos por pasión, por salud, por bienestar.

Correr a cinco minutos y medio el kilómetro puede ser una experiencia maravillosa, una sensación de libertad, de vuelo. No debemos avergonzarnos de nuestro ritmo, de nuestras marcas, de nuestras limitaciones. Cada uno de nosotros tiene su propio camino, su propia historia. Lo importante es disfrutar del proceso, de la conexión con la naturaleza, de la sensación de bienestar que nos produce el movimiento.

La presión por el éxito, por la perfección, nos roba la alegría, nos llena de ansiedad y, en muchos casos, nos conduce a la frustración e incluso a las lesiones. Nos obsesionamos tanto con el resultado que olvidamos el camino. Nos preocupamos tanto por lo que "deberíamos" ser, que dejamos de ser quienes realmente somos.

¿Qué importa si el maratón lo terminamos en cuatro o en cinco horas? ¿Qué importa lo que piensen los demás? Al final, lo único que realmente importa es la satisfacción de haberlo intentado, de habernos superado, de haber disfrutado del recorrido. El verdadero éxito no se mide en números, sino en la alegría que sentimos al cruzar la meta, sea cual sea nuestro tiempo. La verdadera victoria es ser capaces de correr con el corazón, libres de la presión de las expectativas ajenas, en armonía con nuestro propio cuerpo y con nuestro propio ritmo.

Fuente: El Heraldo de México