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17 de junio de 2025 a las 21:10

El misterio de los besos con ojos abiertos

La danza de los labios, ese encuentro íntimo que sella la conexión entre dos almas, ha sido objeto de estudio y fascinación a lo largo de la historia. Desde el susurro poético de Amado Nervo hasta las investigaciones científicas más recientes, el beso se revela como un universo complejo cargado de simbolismo y significado. Cerramos los ojos, casi instintivamente, al fundirnos en ese abrazo bucal, como si buscáramos aislar el mundo exterior y concentrar toda nuestra energía en la explosión sensorial del momento. Pero, ¿qué sucede con aquellos que desafían esta convención? ¿Qué nos dice la psicología de quienes mantienen los ojos abiertos durante el beso?

La tradición romántica nos ha enseñado a asociar los ojos cerrados con la entrega total, la confianza ciega y la inmersión profunda en la experiencia. Es como si al cerrar los párpados, abriéramos las puertas de la percepción a un nivel más profundo, donde las sensaciones se amplifican y las emociones fluyen sin barreras. El poema de Nervo captura a la perfección esta idea: el cierre de los ojos como preámbulo al primer beso, un acto cargado de anticipación y misterio. Sin embargo, la realidad es mucho más diversa y fascinante que la ficción.

La ciencia nos ofrece una perspectiva interesante sobre este fenómeno. Estudios realizados en la Universidad de Londres sugieren que cerrar los ojos durante el beso facilita el procesamiento de las sensaciones. Al eliminar la información visual, el cerebro puede concentrarse plenamente en la información táctil, gustativa y olfativa que recibe de la boca, lo que intensifica la experiencia. Por el contrario, cuando los ojos permanecen abiertos, el cerebro se ve obligado a procesar una mayor cantidad de estímulos, lo que puede disminuir la intensidad de las sensaciones del beso.

Pero más allá de la neurociencia, existen factores culturales y de género que influyen en esta conducta. La Gaceta UNAM nos recuerda que el beso, como acto social, ha evolucionado a lo largo del tiempo y varía significativamente entre culturas. Lo que en Occidente se considera un gesto romántico, en otras sociedades puede tener un significado completamente diferente. Incluso dentro de una misma cultura, las diferencias de género pueden marcar la pauta.

El Colegio de Psicólogos de Argentina señala que las mujeres tienden a cerrar los ojos con mayor frecuencia que los hombres durante el beso. Esto se atribuye, en parte, a la socialización de género. Tradicionalmente, se espera que los hombres sean menos expresivos emocionalmente y que mantengan un mayor control sobre sus sentimientos. Mantener los ojos abiertos durante el beso podría ser una forma de mantener cierta distancia emocional, de evitar la vulnerabilidad que implica la entrega total. También se ha sugerido que los hombres, al estar más visualmente orientados, podrían buscar mantener el contacto visual como una forma de reforzar la conexión y evaluar la respuesta de su pareja.

En definitiva, la decisión de cerrar o no los ojos al besar es un acto personal, influenciado por una compleja interacción de factores biológicos, psicológicos, culturales y sociales. No existe una respuesta correcta o incorrecta, sino una multiplicidad de experiencias que enriquecen la danza de los labios y le otorgan su singularidad. Lo importante es que el beso sea un acto genuino, una expresión sincera de la conexión entre dos personas, independientemente de si los ojos están abiertos o cerrados.

Fuente: El Heraldo de México