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16 de junio de 2025 a las 09:50
¡Verificentros Edomex: corrupción al volante!
La sombra de la corrupción se cierne sobre los Centros de Verificación Ambiental del Estado de México, una trama que parece sacada de una novela negra y que salpica directamente a la Secretaría del Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible. Las denuncias ciudadanas, que se acumulan como una montaña de evidencias, pintan un panorama desolador donde el aire limpio y la responsabilidad ambiental se sacrifican en el altar de la avaricia. Se habla de un sistema bien aceitado, una maquinaria de corrupción que opera con la complicidad de funcionarios que, cegados por el brillo del dinero, miran hacia otro lado mientras el medio ambiente y los bolsillos de los ciudadanos se ven afectados.
El caso de los verificentros NA951, NA953 y TL901, ubicados en Naucalpan y Tlalnepantla, respectivamente, se presenta como el ejemplo paradigmático de esta red de corrupción. Un nombre emerge de entre las sombras: Zeus Piña, un personaje con un pasado turbio y conexiones en las altas esferas del poder político, tanto en el PRI como en Morena. Se le acusa de ser el cerebro detrás de esta operación, tejiendo una intrincada red de influencias que le permite operar con impunidad. Las denuncias apuntan a que Piña “reporta” mensualmente importantes sumas de dinero a funcionarios de la Secretaría de Medio Ambiente, comprando así su silencio y garantizando la continuidad de sus negocios.
El modus operandi de estos centros de verificación es tan descarado como efectivo. Se dice que los empleados de la Secretaría reciben “sobres” durante las visitas de inspección, una práctica que les permite cerrar los ojos ante las irregularidades y, de paso, alertar a los verificentros sobre las inminentes inspecciones. De esta manera, los centros se preparan para la visita, escondiendo cualquier evidencia que pueda comprometerlos. Es un juego de gato y ratón donde el gato, con los bolsillos llenos, prefiere hacerse el ciego.
Pero la corrupción no se detiene ahí. Los propietarios de vehículos también son víctimas de este sistema. Se les obliga a pagar el “brinco”, una especie de extorsión disfrazada de trámite. Los autos, incluso los modelos recientes, son rechazados en la verificación y enviados al Programa Integral de Emisión de Emisores Contaminantes (PIREC), donde se les obliga a cambiar el catalizador, un gasto innecesario que engorda los bolsillos de los corruptos. En el verificentro NA951, la gerente Perla Sahara Piña, ha implementado un sistema de códigos con puntos en los parabrisas para indicar qué vehículos deben pasar, cuáles deben ser sometidos a una prueba real y cuáles deben ser rechazados. Incluso, se utilizan letras en los tickets para indicar la cantidad exacta que debe cobrarse como “extra”.
La historia no termina aquí. En la próxima entrega, profundizaremos en la figura de Zeus Piña y revelaremos cómo se mueve el dinero recaudado de la corrupción en el verificentro NA951. También desentrañaremos el funcionamiento del TL901 y las libretas que guardan los secretos de esta trama. La corrupción, como una enfermedad silenciosa, carcome las instituciones y perjudica a la sociedad. Es nuestro deber, como ciudadanos y como periodistas, sacar a la luz estas prácticas y exigir que se haga justicia. La lucha contra la corrupción es una batalla que debemos librar juntos.
Continúa en la próxima entrega…
Fuente: El Heraldo de México