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16 de junio de 2025 a las 07:00

Justiciero a puñetazos: héroe de combi en Naucalpan

La inseguridad en el transporte público se ha convertido en una pesadilla recurrente para miles de ciudadanos que día a día se trasladan en combis y autobuses. El miedo a ser víctima de un asalto es palpable en cada viaje, una tensión que se respira en el aire junto con el aroma a gasolina y el murmullo de las conversaciones ajenas. Este temor, latente en la cotidianidad de muchos, explotó la tarde del 14 de junio en una combi de la ruta Toreo-Capulín Soledad, en Naucalpan. Un joven, cuya identidad permanece en el anonimato, intentó asaltar a los pasajeros, desencadenando una reacción tan inesperada como violenta.

Imaginen la escena: el tráfico de la Avenida de los Maestros, el sol de la tarde colándose por las ventanas, el traqueteo del vehículo sobre el asfalto… De pronto, la irrupción de la amenaza, la voz del joven exigiendo las pertenencias de los pasajeros, rompiendo la aparente calma. Pero en esta ocasión, el miedo se transformó en furia. Los pasajeros, hartos de ser presas fáciles, se unieron en un acto de defensa colectiva. Desarmaron al asaltante, y lo que siguió fue una descarga de golpes, una lluvia de puños y patadas que reflejaba la frustración acumulada, el hartazgo ante la impunidad.

La imagen del joven sometido, atado y expulsado de la combi como un bulto, es un crudo reflejo de la realidad que se vive en las calles. Una realidad donde la línea entre la víctima y el victimario se difumina en medio de la desesperación. ¿Justicia por mano propia? ¿Exceso de violencia? El debate queda abierto. Lo cierto es que este incidente pone de manifiesto la ineficacia de las autoridades para garantizar la seguridad de los ciudadanos, empujándolos a tomar medidas drásticas.

La llegada de la Guardia Municipal de Naucalpan minutos después fue casi un epílogo. El joven, con el rostro magullado y una ligera hemorragia, fue atendido por paramédicos y posteriormente presentado ante el Ministerio Público. Ahora, será la justicia la que determine su responsabilidad en los hechos. Sin embargo, más allá del caso particular, este incidente nos obliga a reflexionar sobre la creciente inseguridad en el transporte público y las consecuencias que ésta genera.

¿Qué lleva a un joven a intentar un asalto en una combi llena de gente? ¿Desesperación? ¿Falta de oportunidades? ¿Influencia del entorno? Las respuestas son complejas y multifactoriales. Mientras tanto, miles de ciudadanos continúan viajando con el temor constante de ser la próxima víctima. Urgen soluciones integrales que aborden la raíz del problema, que brinden seguridad a los pasajeros y que eviten que la justicia por mano propia se convierta en la norma. Este incidente en Naucalpan no es un caso aislado, es un síntoma de una enfermedad social que requiere atención inmediata. ¿Hasta cuándo seguiremos viajando con miedo?

Fuente: El Heraldo de México