16 de junio de 2025 a las 21:30
¡Justicia en Río de la Loza!
La indignación y la desesperación se palpan en el aire, un grito silencioso que retumba en las paredes de la ciudad. Bajo el sol implacable de mediodía, un grupo de personas, rostros marcados por la angustia y la impotencia, han tomado las calles. No son vándalos, no son criminales; son familias, unidas por el dolor y la sed de justicia. Son los familiares de un menor, una víctima inocente cuya voz ha sido silenciada por el horror del abuso sexual. Su presencia en Río de la Loza, a la altura de la Avenida Niños Héroes, no es un acto de rebeldía sin causa, sino un grito desesperado para que se escuche su clamor.
Han levantado una carpa, un símbolo precario de resistencia, un pequeño refugio contra la indiferencia que tanto les ha lastimado. Carteles con mensajes desgarradores, escritos con la tinta de la rabia y la esperanza, adornan el improvisado campamento. Una cadena con candados, una barrera física contra el flujo vehicular, representa la cadena invisible que ata a su pequeño a la terrible experiencia vivida. Es una metáfora del bloqueo que la impunidad ha impuesto en sus vidas, un obstáculo que les impide avanzar, que les roba el sueño y la tranquilidad.
La Colectiva Violetas, un grupo de mujeres valientes que han convertido su dolor en fuerza, acompaña a la familia en esta lucha. Son un recordatorio de que la sororidad es un arma poderosa, un escudo contra la injusticia, un bálsamo para las heridas que no cierran. Su presencia es un faro de esperanza en medio de la tormenta.
El sonido de las sirenas se mezcla con los murmullos de la gente. Elementos de tránsito de la policía capitalina custodian la zona, dirigiendo el tráfico, intentando poner orden en el caos. Las avenidas aledañas, como Dr. Liceaga, Dr. Río de la Loza y Arcos de Belén, se ven afectadas, convirtiéndose en un tablero de ajedrez donde las piezas son los vehículos buscando una ruta alternativa. El Eje 2A Sur, Dr. José María Vértiz, Avenida Insurgentes y Eje 1 Poniente se convierten en las vías de escape, en las venas que intentan mantener el flujo vital de la ciudad.
Esta protesta, más allá de la interrupción del tráfico, es un reflejo de una problemática mucho más profunda. Es un síntoma de la falta de confianza en las instituciones, de la desesperación que lleva a las personas a tomar medidas extremas para ser escuchadas. Es un llamado a la reflexión, una invitación a la empatía, una súplica por un sistema judicial que proteja a los más vulnerables.
La imagen de la carpa, de los carteles, de la cadena con candados, quedará grabada en la retina de la ciudad. Será un recordatorio constante de la lucha de estas familias, de la deuda que la sociedad tiene con las víctimas de abuso sexual. Un recordatorio de que la justicia no se mendiga, se exige. Y que el silencio, en estos casos, es cómplice.
Fuente: El Heraldo de México