16 de junio de 2025 a las 12:35
Familias Mexicanas: Ingresos Aplastados
La inflación, ese fantasma que acecha nuestros bolsillos, vuelve a dar de qué hablar. El Banco de México (Banxico) ha encendido las alarmas, señalando que el precio de los servicios alimentarios está ejerciendo una presión cada vez mayor sobre la economía familiar. No se trata solo del aumento en el precio de la canasta básica, sino también de esos pequeños placeres cotidianos que se han convertido en un lujo: comer fuera de casa.
Jonathan Heath Constable, subgobernador de Banxico, ha puesto el dedo en la llaga al destacar que la inflación en loncherías, fondas, torterías y taquerías, esos refugios culinarios de la vida diaria, ha repuntado a un preocupante 8.15% en mayo. Recordemos que estos establecimientos, junto con restaurantes, representan una parte significativa del gasto de los hogares, concretamente un 26% según datos del propio Banxico. Imaginen el impacto que este incremento tiene en las familias, especialmente aquellas con ingresos más ajustados.
La situación se agrava aún más si consideramos que no se trata de un hecho aislado. El aumento en los precios de los servicios alimentarios se enmarca en un contexto inflacionario más amplio, que abarca desde el seguro del automóvil hasta el cuidado de nuestras mascotas. Sin embargo, el incremento en el costo de la comida fuera del hogar tiene una connotación especial, ya que afecta directamente a una necesidad básica: la alimentación.
Este escenario nos obliga a reflexionar sobre las consecuencias de esta tendencia. ¿Estamos destinados a renunciar a esos pequeños momentos de disfrute gastronómico? ¿Tendrán que las familias ajustar aún más sus presupuestos, sacrificando otras necesidades para poder permitirse una comida fuera de casa? La respuesta, lamentablemente, no es sencilla.
El Banco de México ha identificado la resistencia a la baja en los precios de los servicios alimentarios como un obstáculo para controlar la inflación subyacente, esa que marca el ritmo de los precios a mediano y largo plazo. Además, se ha señalado que el aumento sostenido del salario mínimo, si bien busca mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores, también podría contribuir a la presión sobre estos precios.
Nos encontramos ante un complejo dilema. Por un lado, el incremento salarial es una medida necesaria para combatir la desigualdad y mejorar las condiciones de vida de la población. Por otro, existe el riesgo de que este incremento se vea neutralizado por la inflación, especialmente en el sector alimentario.
El reto para las autoridades es encontrar un equilibrio que permita proteger el poder adquisitivo de las familias sin alimentar la espiral inflacionaria. Se requieren medidas que fomenten la competencia en el sector de los servicios alimentarios, que impulsen la productividad y que controlen los costos de producción. Mientras tanto, las familias mexicanas deberán seguir navegando en la incertidumbre, haciendo malabares con sus presupuestos para poder cubrir sus necesidades básicas, incluyendo ese pequeño gusto que representa comer fuera de casa. La pregunta que queda en el aire es: ¿hasta cuándo?
Fuente: El Heraldo de México