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16 de junio de 2025 a las 09:50
Alto a la manipulación migrante
La angustia se palpa en el aire. Las imágenes que nos llegan desde el norte, desde Los Ángeles, Texas y tantas otras ciudades, son un puñal en el corazón. Familias destrozadas, hogares allanados, el llanto desconsolado de niños que ven cómo se llevan a sus padres, sin saber si volverán a verlos. Es una tragedia humana que se repite una y otra vez, alimentada por un discurso de odio y una política migratoria que criminaliza la esperanza. No podemos permanecer indiferentes ante este dolor. Es hora de alzar la voz, de exigir un trato digno para nuestros compatriotas, de recordar que migrar no es un delito, sino un derecho.
Estas escenas de redadas y deportaciones no son hechos aislados, sino la consecuencia directa de un sistema que ha fallado. Un sistema que, en lugar de tender puentes, construye muros. Un sistema que, en lugar de ofrecer oportunidades, siembra el miedo. Y mientras los políticos se enfrascan en debates estériles y discursos incendiarios, miles de familias viven con el temor constante de ser separadas. ¿Es esta la sociedad que queremos construir? ¿Una sociedad donde la dignidad humana se subasta al mejor postor?
No podemos olvidar que detrás de cada migrante hay una historia de lucha, de sacrificio, de anhelo por un futuro mejor. Son hombres y mujeres que, ante la falta de oportunidades en su tierra, se ven obligados a dejar atrás todo lo que conocen y aman, para buscar una vida digna para sí mismos y para sus familias. Son padres que trabajan incansablemente para enviar remesas a sus hogares, jóvenes que sueñan con un futuro mejor, niños que anhelan una educación de calidad. ¿Acaso no merecen nuestro respeto y nuestra solidaridad?
La migración no es un problema que se pueda resolver con muros o deportaciones. Es un fenómeno complejo que requiere soluciones integrales, que aborden las causas profundas que la originan: la pobreza, la desigualdad, la falta de oportunidades. Necesitamos una política migratoria humana y justa, que respete los derechos de todos, independientemente de su lugar de origen. Necesitamos una política que promueva la integración y la convivencia, que reconozca el valioso aporte de los migrantes a nuestras sociedades.
Y mientras se implementan estas soluciones de fondo, es fundamental fortalecer la protección consular y la asistencia legal para nuestros connacionales en el exterior. Necesitamos consulados que sean verdaderos refugios para nuestros migrantes, que les brinden apoyo legal, asistencia médica y orientación en momentos de dificultad. Necesitamos que el gobierno mexicano asuma su responsabilidad y defienda los derechos de sus ciudadanos dondequiera que se encuentren.
Por eso, exigimos transparencia y rendición de cuentas. Queremos saber qué está haciendo el gobierno para proteger a nuestros migrantes. ¿Cuántos recursos se destinan a los consulados? ¿Cuentan con el personal y los recursos necesarios para atender las necesidades de nuestra comunidad en el exterior? ¿Qué protocolos se activan ante una deportación masiva? Estas son preguntas que exigen respuestas claras y concretas. No podemos permitir que la opacidad y la indiferencia se conviertan en cómplices de la injusticia.
Es hora de dejar de lado la retórica vacía y pasar a la acción. Es hora de construir puentes de solidaridad y tender la mano a quienes más lo necesitan. Es hora de recordar que todos somos parte de una misma humanidad y que la dignidad no tiene fronteras. Juntos, podemos construir un mundo más justo y equitativo para todos. Un mundo donde la migración sea una opción, no una condena.
Fuente: El Heraldo de México