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16 de junio de 2025 a las 01:30

Lluvias retrasan el Metro en CDMX

La lluvia, una constante en la narrativa citadina de la Ciudad de México, ha vuelto a hacerse presente esta tarde del 15 de junio, desplegando su manto acuoso sobre el paisaje urbano y, como es costumbre, dejando su huella en el ritmo vital de la capital. El rugir del cielo se ha traducido en una sinfonía de gotas que, si bien aplacan la sed de la tierra reseca, también complican el transitar de miles de capitalinos. El Sistema de Transporte Colectivo Metro, ese gigante subterráneo que da vida a la movilidad de la ciudad, ha sido uno de los primeros en sentir el impacto de la precipitación.

Las redes sociales, ese termómetro instantáneo del acontecer diario, han comenzado a hervir con los reportes de los usuarios. La Línea 8, esa arteria que conecta el corazón histórico de Garibaldi con la vibrante energía de Constitución de 1917 en Iztapalapa, parece ser la más afectada. Mensajes que describen demoras de hasta 20 minutos inundan las plataformas digitales, pintando un cuadro de impaciencia y resignación entre los pasajeros. La espera, aderezada con el goteo constante y el murmullo de la multitud, se convierte en una prueba de paciencia para quienes dependen de este medio de transporte.

La marcha de seguridad, ese protocolo casi ritual que acompaña a las lluvias capitalinas, ha sido activada en las Líneas 5, 8, 9 y B. Una medida preventiva, sí, pero que inevitablemente ralentiza el flujo habitual del Metro. Imaginen esos trenes metálicos, serpenteando a una velocidad reducida de 35 kilómetros por hora en las zonas elevadas y superficiales, como gigantescos reptiles de acero abriéndose paso con cautela entre la cortina de agua. Una imagen que, si bien evoca cierta poesía urbana, también representa un desafío logístico para quienes intentan llegar a sus destinos a tiempo.

Pero más allá de los retrasos y las molestias, la lluvia también nos invita a reflexionar sobre la fragilidad de la gran urbe. Nos recuerda que, a pesar de toda la tecnología y la infraestructura, la naturaleza sigue teniendo la última palabra. Y en ese sentido, la marcha lenta del Metro se convierte en una metáfora del ritmo pausado que a veces necesitamos para apreciar la belleza de lo cotidiano, incluso en medio del caos.

¿Qué hacer ante esta situación? La recomendación de las autoridades es clara: tomar precauciones, planificar el trayecto con anticipación y, sobre todo, seguir las indicaciones del personal del Metro. La paciencia, ese valor tan preciado en la jungla urbana, se convierte en nuestra mejor aliada. Aprovechar el tiempo de espera para leer un libro, escuchar música o simplemente observar el ballet de paraguas que se despliega en las estaciones, puede ser una forma de transformar la adversidad en una oportunidad para conectar con nosotros mismos y con la ciudad que nos rodea. Porque, al final del día, la lluvia, como la vida misma, es un ciclo que debemos aprender a transitar con serenidad y resiliencia.

Fuente: El Heraldo de México