Logo
NOTICIAS
play VIDEOS

Inicio > Noticias > Deportes

15 de junio de 2025 a las 07:35

Kika Chávez y el poder de la familia

El eco de los guantes golpeando el saco aún resuena en los oídos de Yessica "Kika" Chávez, un eco que se mezcla con las palabras de aliento de su padre, Juan Manuel, y con las instrucciones precisas y a veces duras de su mentor, Don Nacho Beristáin. Dos figuras paternas que esculpieron a la campeona, dos hombres que la guiaron en el camino hacia la gloria, un camino pavimentado con sudor, lágrimas y la inquebrantable pasión por el boxeo.

La historia de Kika es un testimonio de perseverancia y amor filial. De niña, veía a su padre regresar del aeropuerto con el rostro marcado por la batalla, un mapa de golpes recibidos y entregados. Lejos de asustarla, esa imagen despertó en ella una fascinación, un deseo de emular a su héroe. "Quiero viajar como mi papá", decía, sin entender completamente el sacrificio que implicaba ese viaje. Juan Manuel, conocedor de las durezas del ring, la entrenó con la rigurosidad de un general preparando a su mejor soldado. "Entrenábamos como si fuéramos a disputar un título mundial", recuerda Kika, "era muy duro conmigo, me fastidiaba". Ahora, con la perspectiva que otorgan los años y los triunfos, comprende la sabiduría detrás de esa exigencia. Su padre forjaba en ella el acero necesario para resistir los embates del destino, dentro y fuera del cuadrilátero. Le inculcó la mentalidad de una guerrera, la filosofía que la acompañaría hasta la cima: "Los boxeadores malos no merecen agua; los buenos no la necesitan". Una frase que resonaba con la crudeza del ring, una metáfora de la sed de victoria que debe consumir a todo aquel que aspire a la grandeza.

Pero el boxeo, en su infinita sabiduría, le tenía reservada otra figura paterna: Don Nacho Beristáin, el legendario entrenador. Su método, tan peculiar como efectivo, puso a prueba la determinación de la joven Kika. "Don Nacho pedía que mis compañeros me golpearan fuerte, para que ya no quisiera volver", confiesa. Una prueba de fuego, un bautismo de golpes que, paradójicamente, encendió en ella una llama aún más intensa.

Hoy, Kika Chávez brilla en el firmamento del boxeo, su nombre inscrito con letras doradas en el Salón Internacional de la Fama. Es una de las tres mexicanas que han alcanzado esta distinción, un logro que comparte con orgullo con sus dos padres. El biológico, Juan Manuel, quien le transmitió el amor por el deporte y la forjó en el crisol de la disciplina. Y el del ring, Don Nacho Beristáin, quien pulió su talento y la impulsó a superar sus propios límites. "Siento que cumplí su sueño", dice con la voz entrecortada por la emoción, "y eso me llena de orgullo".

La historia de Kika Chávez no es solo la de una campeona mundial, es la historia de una mujer que supo honrar el legado de sus padres, una mujer que transformó los golpes de la vida en escalones hacia la gloria. Es una inspiración para las nuevas generaciones, una prueba de que con perseverancia, disciplina y el apoyo de aquellos que nos aman, podemos alcanzar cualquier sueño, por imposible que parezca. Su nombre resonará por siempre en la historia del boxeo, un eco que se mezcla con las voces de Juan Manuel y Don Nacho, los dos padres que la guiaron hacia la inmortalidad.

Fuente: El Heraldo de México