15 de junio de 2025 a las 09:10
Domina el Fast-Track con Rommel
La obsesión del maestro Pacheco por el título que no tenía hasta hace poco nos deja con un regusto amargo, una sensación de que algo no cuadra. Seis años cursando una maestría, una "boleta" que mágicamente se transforma en "certificado" y, finalmente, en un abrir y cerrar de ojos, el título y la cédula profesional aparecen. Todo esto mientras dirige la CONADE, una institución que, según sus propias palabras, lo mantiene trabajando hasta altas horas de la noche. ¿Cómo es posible? ¿Acaso el tiempo se estira y se encoge a voluntad del director?
La premura por ostentar un grado académico que no le correspondía plantea interrogantes inquietantes. ¿Qué buscaba realmente Rommel Pacheco al autoproclamarse maestro? ¿Creía que un título le otorgaría el respeto y la admiración que, quizás, sentía que le faltaban? La verdadera admiración, la que perdura, se gana con acciones, no con diplomas. Se construye con trabajo honesto, con dedicación y con un compromiso genuino con el servicio público. Un título, por sí solo, no hace a un maestro.
Y la cosa no termina ahí. La mentira, como una mancha de aceite, se extiende a otros ámbitos. La Plataforma Nacional de Transparencia, ese espacio donde la verdad debería brillar con luz propia, también registra la "maestría" de Pacheco mucho antes de que la obtuviera. No es un simple error, es una declaración falsa en un documento oficial. ¿Qué clase de transparencia es esta? ¿Qué ejemplo se da a la ciudadanía cuando quienes nos gobiernan manipulan la verdad a su conveniencia?
La insistencia en presentarlo como "medallista olímpico" añade otra capa a este preocupante retrato. Si bien sus logros deportivos son innegables, la medalla olímpica, ese símbolo de excelencia, no figura en su palmarés. ¿Por qué aferrarse a una distinción que no le corresponde? ¿Acaso el brillo ajeno puede ocultar las propias carencias? No se trata de menospreciar su trayectoria, sino de valorar la honestidad y la integridad. El verdadero mérito reside en aceptar las propias limitaciones y esforzarse por superarlas, no en adornarse con plumas prestadas.
La ética, ese valor tan preciado y, a la vez, tan escaso en la política actual, brilla por su ausencia en la conducta del director de la CONADE. Mentir sobre un grado académico, sobre una medalla olímpica, son síntomas de una enfermedad más profunda: la falta de respeto por la verdad y por la ciudadanía. Rommel Pacheco, quien presume de una nueva CONADE transparente, nos muestra, con sus acciones, una realidad opaca, llena de sombras y medias verdades. La transparencia, como la verdadera maestría, no se decreta, se construye día a día, con honestidad y con un compromiso inquebrantable con la verdad. Y eso, lamentablemente, es algo que ningún título universitario puede otorgar.
Fuente: El Heraldo de México