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14 de junio de 2025 a las 12:25

Maquillista de famosos, ¿prestanombres del narco?

El mundo del maquillaje y la belleza en Mazatlán se ha visto sacudido por una noticia que ha dejado a muchos con la boca abierta. Sheila Urías, una reconocida maquillista local con una creciente presencia en redes sociales, ha sido señalada por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos como prestanombres de la facción del Cártel del Pacífico conocida como "Los Chapitos". La joven, quien compartía tutoriales de maquillaje y consejos de belleza en su canal de YouTube, ahora se encuentra en el ojo del huracán, acusada de estar vinculada a las operaciones financieras de este poderoso grupo criminal.

La noticia ha generado una ola de incredulidad y sorpresa entre sus seguidores y la comunidad mazatleca en general. Muchos se preguntan cómo una figura pública, aparentemente dedicada al mundo de la belleza, pudo estar involucrada en actividades ilícitas de tal magnitud. Su imagen de empresaria exitosa, construída a través de cursos de maquillaje y la promoción de sus negocios, contrasta drásticamente con las graves acusaciones que ahora pesan sobre ella.

La OFAC (Oficina de Control de Bienes Extranjeros) la señala como prestanombres de su esposo, José Raúl Núñez Ríos, alias "El Lic", quien es considerado el principal operador financiero de "Los Chapitos" en la región. Junto a ellos, también se encuentra Víctor Manuel Barraza Pablos, alias "El 40", vinculado directamente con Iván Archivaldo y Jesús Alfredo Guzmán Salazar, hijos del narcotraficante Joaquín "El Chapo" Guzmán.

La acusación se centra en la utilización de diez empresas, supuestamente creadas para lavar dinero proveniente del narcotráfico. Mientras que las empresas de Sheila Urías se enfocan en el sector de la belleza y la cosmetología, las de "El Lic" y "El 40" operan en el rubro inmobiliario y de la construcción, sectores tradicionalmente vulnerables a la infiltración del crimen organizado. Este entramado de empresas, según las autoridades estadounidenses, servía para ocultar el origen ilícito de los fondos y darles una apariencia de legitimidad.

La situación de Sheila Urías evoca, inevitablemente, el caso de Valeria Márquez, la influencer asesinada durante una transmisión en vivo hace apenas un mes. Ambas jóvenes, emprendedoras en el mundo de la belleza, se vieron involucradas en contextos de violencia que conmocionaron a la opinión pública. Si bien las circunstancias son diferentes, ambos casos ponen de manifiesto la vulnerabilidad del sector y la necesidad de una mayor vigilancia para prevenir la infiltración del crimen organizado.

Las autoridades estadounidenses han congelado los activos de las empresas señaladas y han prohibido a ciudadanos estadounidenses realizar transacciones con ellas. La investigación continúa y se espera que en los próximos días se den a conocer más detalles sobre la participación de Sheila Urías en la red de lavado de dinero. Mientras tanto, la comunidad mazatleca sigue conmocionada por la noticia, tratando de comprender cómo una figura pública, aparentemente alejada del mundo del crimen, pudo estar involucrada en una trama de tal magnitud. El caso de Sheila Urías se convierte, sin duda, en un recordatorio de la compleja realidad que se vive en regiones afectadas por el narcotráfico, donde las apariencias pueden ser engañosas y la línea entre la legalidad y la ilegalidad, a veces, se vuelve borrosa.

Fuente: El Heraldo de México