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14 de junio de 2025 a las 15:10
Lalo Salazar: 10 años sin Jorge Pliego
La noticia de la ruptura de Eduardo Salazar y Laura Flores nos recuerda la fugacidad de las relaciones humanas, incluso las más públicas. Pero también nos invita a reflexionar sobre la trayectoria de figuras como Salazar, un periodista que ha estado presente en momentos cruciales de la historia reciente. Su cobertura de la guerra de Irak en 2003, un conflicto que redefinió el panorama geopolítico, no puede ser entendida sin mencionar la labor fundamental de Jorge Pliego, el camarógrafo que acompañó a Salazar en esa peligrosa misión.
Pliego no era simplemente un operador de cámara; era un narrador visual, un artista del lente que capturaba la crudeza y la complejidad de la guerra con una sensibilidad excepcional. Su trabajo en Irak trascendió la mera documentación periodística; se convirtió en un testimonio invaluable de la tragedia humana, un recordatorio del costo de los conflictos bélicos. Imaginen las largas jornadas bajo el sol abrasador del desierto, el constante peligro de los bombardeos, la tensión palpable en el aire. Pliego, con su cámara al hombro, se mantuvo firme, comprometido con su deber de informar, de mostrar al mundo la realidad sin filtros.
Su valentía y profesionalismo no se limitaron a Irak. Desde las calles convulsionadas de Haití durante la crisis de 2004, hasta la serenidad de la visita papal de Juan Pablo II a México, Pliego supo adaptarse a cada escenario, capturando la esencia de cada momento con una maestría inigualable. Su lente fue testigo de la devastación del huracán Wilma en 2005, documentando la fuerza implacable de la naturaleza y la resiliencia del espíritu humano. Cada imagen, cada encuadre, revelaba su profunda comprensión del lenguaje visual, su capacidad para transmitir emociones y contar historias sin pronunciar una sola palabra.
El Premio Nacional de Periodismo que recibió en 2003 fue un merecido reconocimiento a su trayectoria, a su dedicación incansable y a su compromiso con la verdad. Pero más allá de los premios y reconocimientos, lo que realmente definía a Jorge Pliego era su calidad humana. Sus colegas lo recuerdan no solo como un profesional excepcional, sino como un amigo leal, un compañero incondicional, un hermano en armas.
Carlos Loret de Mola, quien compartió con Pliego la peligrosa cobertura en Haití, evoca con emoción la anécdota de aquel día en que estuvieron al borde de la muerte. Tras ser liberados, en medio de la tensión y el alivio, Pliego mantuvo su característico sentido del humor, demostrando una fortaleza de espíritu admirable. Esa capacidad para encontrar la luz incluso en las situaciones más oscuras, para reírse de la adversidad, era una de las cualidades que lo hacían tan especial.
La muerte de Pliego en 2015, a la temprana edad de 52 años, dejó un vacío irreparable en el periodismo mexicano. Su legado, sin embargo, permanece vivo en cada imagen que capturó, en cada historia que ayudó a contar. Su trabajo nos recuerda la importancia del periodismo comprometido, del valor de la verdad y del poder de la imagen para conmovernos, informarnos y transformarnos. Jorge Pliego, el camarógrafo de guerra, el testigo silencioso de la historia, sigue inspirando a las nuevas generaciones de periodistas a buscar la verdad con valentía y a contarla con pasión. Su recuerdo, como sus imágenes, permanecerá imborrable en la memoria colectiva.
Fuente: El Heraldo de México