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13 de junio de 2025 a las 07:05

Horror en SLP: Mujer a prisión por restos óseos

La indignación recorre San Luis Potosí. El caso de Ana María “N”, acusada de maltrato animal, ha conmocionado a la sociedad potosina y ha puesto en el ojo del huracán la problemática del abandono y la crueldad hacia los animales. Las imágenes, difundidas en redes sociales, hablan por sí solas: perros esqueléticos, apenas con vida, rodeados de un escenario dantesco de desechos, restos óseos y un hedor a muerte que impregnaba el aire. Un verdadero infierno para estas criaturas indefensas, que en lugar de encontrar un hogar amoroso, hallaron el horror en una vivienda de la colonia Jacarandas II.

El clamor de justicia se ha levantado con fuerza. Vecinos y activistas, liderados por Fátima Ramírez Martínez de la Fundación “Huellitas”, no se quedaron de brazos cruzados. Su valiente intervención, enfrentando a la presunta responsable, fue crucial para sacar a la luz este aberrante caso y rescatar a los 14 perros sobrevivientes, quienes ahora reciben atención veterinaria en la capital y en Soledad de Graciano Sánchez. La solidaridad se ha hecho presente, con la asociación “Salvando Huellitas” gestionando hogares temporales para estos animales que merecen una segunda oportunidad.

Sin embargo, la sombra de la impunidad se cierne sobre casos similares. Según la activista Fátima Ramírez, las denuncias previas contra Ana María “N” y su hija, Constanza Monserrat “F”, en el fraccionamiento Valle de Jacarandas, fueron ignoradas por las autoridades de Bienestar Animal. ¿Cuántas veces las voces de alerta se pierden en el vacío, permitiendo que el sufrimiento animal continúe? Este caso nos obliga a reflexionar sobre la eficacia de los mecanismos de protección animal y la necesidad de una respuesta contundente por parte de las instituciones.

La Fiscalía General del Estado de San Luis Potosí (FGESLP), actuando con celeridad, ha logrado la vinculación a proceso de Ana María “N”, quien permanecerá en prisión preventiva justificada. La justicia, al fin, parece estar en camino. La gravedad de los hechos, con cuatro perros encontrados sin vida y evidencias de posibles prácticas aún más atroces, como la incineración de los cadáveres, exige un castigo ejemplar. El artículo 317 del Código Penal del Estado, con penas que van de 1 a 2 años de prisión y multas considerables, debe aplicarse con todo el rigor de la ley. No basta con sancionar, es necesario prevenir. Es imperativo fortalecer las políticas públicas de protección animal, promoviendo la esterilización, la adopción responsable y la educación en el respeto a todas las formas de vida.

Más allá del proceso judicial, este caso nos interpela como sociedad. Nos obliga a preguntarnos qué estamos haciendo para combatir el maltrato animal en nuestro entorno. El silencio cómplice, la indiferencia ante el sufrimiento ajeno, nos convierte en corresponsables. Debemos ser la voz de quienes no la tienen. Reportar cualquier caso de maltrato, apoyar a las organizaciones protectoras de animales y fomentar una cultura de respeto hacia los seres vivos son acciones que, sumadas, pueden marcar la diferencia. El futuro de los animales depende de nuestra capacidad de empatía y de nuestro compromiso con su bienestar. El caso de Jacarandas II no debe repetirse.

Fuente: El Heraldo de México