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13 de junio de 2025 a las 09:10

Cristina Condenada: ¿Y ahora qué?

La llama de la indignación recorre América Latina. La condena a Cristina Kirchner ha encendido una mecha que amenaza con incendiar el continente. No se trata solo de Argentina, se trata de un símbolo, de una lucha. El clamor popular, que resuena desde México hasta la Patagonia, denuncia una persecución sistemática contra los líderes que se atreven a desafiar el orden establecido. ¿Acaso se pretende silenciar la voz de los pueblos con maniobras judiciales? ¿Acaso se cree que la justicia puede ser utilizada como herramienta de represión política?

La solidaridad continental se manifiesta con fuerza. Desde el Senado mexicano, se alza la voz en defensa de la compañera Cristina. En Venezuela, el presidente Maduro reafirma su compromiso con la soberanía y la autodeterminación de los pueblos. Cuba, fiel a sus principios revolucionarios, se suma a la condena internacional de esta injusticia. No son gestos aislados, son la expresión de una conciencia colectiva que rechaza la injerencia extranjera y la manipulación mediática.

Ser de izquierda en América Latina implica un camino sembrado de obstáculos. Desde Brasil, donde Lula sufrió el encierro, hasta Ecuador, donde Rafael Correa enfrenta la persecución política, la lucha por la justicia social se paga con un alto precio. En Colombia, Gustavo Petro resiste los embates de la derecha, demostrando que la defensa del pueblo no se negocia. Y qué decir de México, donde la lucha contra la corrupción y la desigualdad se enfrenta a poderes fácticos enquistados en las estructuras del Estado.

La batalla contra el neoliberalismo, contra el imperialismo, contra la oligarquía, exige un esfuerzo titánico. Enfrentar a la banca internacional, a los fondos buitre, a las corporaciones multinacionales, es una tarea agotadora que requiere una entrega absoluta. Por eso, es comprensible que quienes dedican su vida a esta lucha necesiten momentos de respiro, espacios para recargar energías y continuar la batalla.

¿Acaso se critica a los líderes populares por buscar un mínimo de bienestar? ¿Acaso se les niega el derecho a disfrutar de los frutos de su trabajo? La austeridad no puede ser sinónimo de miseria. La lucha por la justicia social no implica renunciar a una vida digna.

La condena a Cristina Kirchner no es un hecho aislado. Es un ataque a la democracia, a la soberanía popular, al sueño de una América Latina unida y libre. Es un intento de desmoralizar a los pueblos, de sembrar la desesperanza, de apagar la llama de la revolución. Pero no lo lograrán. La fuerza de la unidad, la solidaridad continental, la determinación de los pueblos, son más poderosas que cualquier maniobra judicial o mediática. La lucha continúa.

Fuente: El Heraldo de México