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12 de junio de 2025 a las 13:05

Vecino justiciero: balazos por familia

La tranquilidad de la tarde sabatina en Talar, Tigre, se vio abruptamente interrumpida por un estremecedor episodio de violencia familiar que ha conmocionado a la comunidad y desatado un intenso debate sobre los límites de la justicia ciudadana. Joaquín Rodrigo Paré, de 29 años, protagonizó una escena que heló la sangre de los vecinos: a plena luz del día, y ante la mirada atónita de quienes se asomaban desde sus hogares, agredió brutalmente a su hijo de tan solo 10 años con un cinturón. Los gritos del menor y el sonido seco de los golpes resonaron en la calle, creando una atmósfera de terror e impotencia. A pesar de la evidente violencia del acto, nadie intervino. El miedo, la incertidumbre, o quizás la paralizante incredulidad ante semejante crueldad, impidieron que los testigos actuaran.

La pesadilla, sin embargo, no terminó allí. Al llegar a su hogar, Paré continuó descargando su furia, esta vez sobre su esposa. Los gritos de la mujer pidiendo auxilio rompieron el silencio que se había instalado tras la agresión al niño. Fue entonces cuando un vecino, cuya identidad aún se desconoce, decidió tomar cartas en el asunto. En un acto que muchos califican de heroico y otros de temerario, este "justiciero anónimo" disparó a Paré en el abdomen, poniendo fin a la violencia pero abriendo al mismo tiempo un nuevo capítulo en esta compleja historia.

Tras recibir el impacto de bala, Paré se dirigió a un hospital cercano buscando atención médica. Allí, interrogado por las autoridades, confesó haber agredido a su familia. Su "justificación" no hizo más que agravar su situación: la violencia, según sus palabras, era la única forma de "disciplinar" a su esposa e hijo. Una vez dado de alta, quedó detenido, enfrentando cargos por lesiones (violencia de género) y violencia intrafamiliar.

La esposa de Paré, visiblemente afectada por la traumática experiencia, presentó una denuncia formal ante las autoridades. Su testimonio, sumado a las grabaciones de las cámaras de seguridad de la zona, conforman un sólido caso en contra del agresor.

Mientras tanto, la figura del "vecino justiciero" se ha convertido en el centro de un acalorado debate público. Para algunos, es un héroe que se atrevió a intervenir donde otros fallaron, evitando una tragedia mayor. Para otros, su accionar, aunque bienintencionado, representa un peligroso precedente. Tomar la justicia por mano propia, argumentan, es un camino resbaladizo que puede conducir a la anarquía y al descontrol. La policía, por su parte, continúa investigando su identidad, buscando esclarecer los detalles de su intervención y determinar si sus acciones se ajustaron a la ley.

Este caso nos obliga a reflexionar sobre la compleja dinámica de la violencia familiar, la responsabilidad ciudadana ante situaciones de este tipo y los límites de la justicia por mano propia. ¿Es justificable recurrir a la violencia para detener la violencia? ¿Qué alternativas tenemos como sociedad para proteger a las víctimas y prevenir estos lamentables episodios? La búsqueda de respuestas a estas preguntas es un desafío que nos interpela a todos.

Fuente: El Heraldo de México