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12 de junio de 2025 a las 02:25
Ejército a la Sierra: Guerrero exige seguridad.
El pánico se respira en el aire de la Tierra Caliente de Guerrero. La imagen de mujeres acunando a sus hijos a la sombra de las patrullas militares, buscando un refugio precario ante la amenaza latente, es un testimonio desgarrador de la violencia que azota a comunidades como Puerto las Ollas, Rancho Nuevo y El Nogal. No son simples estadísticas, son familias, vidas truncadas por el miedo, obligadas a abandonar sus hogares, sus raíces, con apenas lo puesto. Imaginen la desesperación, la incertidumbre que carcomen el alma de estas madres, aferradas a la esperanza de que la presencia militar les ofrezca un respiro, una mínima garantía de seguridad en medio del caos.
La petición de los habitantes es un clamor desesperado que resuena en la sierra: que la Base de Operaciones Mixta (BOM), ese escudo temporal contra la barbarie, se convierta en una presencia permanente. No se trata solo de una solicitud, es una súplica por la vida, por la posibilidad de un futuro en el que sus hijos puedan crecer sin el temor constante a las balas y el fuego. Saúl García, voz del Consejo de Vigilancia, pinta un panorama desolador: escasez de alimentos, falta de medicinas, un vacío de recursos básicos que agrava la crisis humanitaria. Sus palabras no son simples denuncias, son un grito de auxilio que exige una respuesta inmediata.
Comunidades enteras, como Balcón de la Bandera, Cruz de Otate, Alambrados, y tantas otras, se han convertido en pueblos fantasmas, un testimonio silencioso del terror que ha forzado el éxodo de sus habitantes. Familias que lo han perdido todo, que han dejado atrás no solo sus pertenencias, sino también sus recuerdos, sus historias, la vida que construyeron con esfuerzo y esperanza. La quema de casas, los ataques con drones, no son simples actos de violencia, son estrategias de terror que buscan sembrar el miedo y el silencio.
El asedio del crimen organizado ha transformado la vida cotidiana en una pesadilla. El simple hecho de transitar por los caminos se ha convertido en una apuesta arriesgada. La conexión con las cabeceras municipales, el acceso a servicios básicos, todo ha sido bloqueado por la sombra opresiva de la violencia. La angustia se agudiza con la presencia de mujeres embarazadas a punto de dar a luz, sin acceso a atención médica, en un escenario donde la vida pende de un hilo.
La llegada de la Guardia Nacional y el Ejército ha traído una calma tensa, una pausa en la violencia que se percibe frágil, amenazada por la posibilidad de la retirada de las fuerzas de seguridad. Las familias que se aferran a la presencia de las patrullas, que buscan refugio a su sombra, son la viva imagen de la vulnerabilidad y la esperanza. Su petición de que la BOM se quede, de que se les brinde ayuda humanitaria, es un llamado a la solidaridad, a la responsabilidad de un Estado que debe garantizar la seguridad y el bienestar de sus ciudadanos. No podemos permitir que el miedo y la violencia silencien las voces de la Tierra Caliente.
Fuente: El Heraldo de México