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9 de junio de 2025 a las 12:50

Victoria para la justicia

Han transcurrido 31 años desde aquel histórico 9 de junio de 1994, cuando en Belém do Pará, Brasil, se firmó la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer. Este tratado, pionero en la materia, no solo marcó un hito en la lucha por los derechos de las mujeres, sino que sentó las bases para un cambio de paradigma en la forma en que se entiende y se combate la violencia de género en la región.

La Convención de Belém do Pará, como se le conoce popularmente, fue un rayo de esperanza en un panorama sombrío. Por primera vez, se reconocía explícitamente el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia, un derecho fundamental que, lamentablemente, era —y sigue siendo— sistemáticamente vulnerado. Más allá de una simple declaración de principios, la convención estableció la obligación de los Estados de crear políticas públicas concretas para erradicar este flagelo, no solo adaptando sus legislaciones, sino implementando acciones tangibles que transformaran la realidad.

Uno de los aspectos más revolucionarios de la convención fue la tipificación de las violencias. Al nombrarlas, al definirlas con claridad, se les dio visibilidad, se las sacó de la esfera privada y se las colocó en la agenda pública. La violencia física, psicológica y sexual, hasta entonces muchas veces silenciadas y naturalizadas, se reconocieron como graves violaciones a los derechos humanos.

La influencia de la Convención de Belém do Pará se extendió rápidamente por todo el continente americano. En México, por ejemplo, sirvió como preámbulo para la creación de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (LGAMVLV) en 2007. Esta ley, inspirada en los principios de la convención, no solo retomó la tipificación de las violencias, sino que la amplió para incluir otras formas, como la violencia patrimonial, por interpósita persona, vicaria, económica, laboral y, más recientemente, la digital. Se trata de un proceso dinámico, una constante evolución para abarcar todas las formas en que la violencia se manifiesta en la vida de las mujeres.

La Convención de Belém do Pará no es un documento estático, sino una herramienta viva, un instrumento al que se recurre constantemente en la defensa de los derechos de las mujeres en la región. Su vigencia, tres décadas después de su firma, demuestra la importancia de contar con marcos jurídicos internacionales que protejan a las mujeres y promuevan la igualdad de género.

El camino hacia una vida libre de violencia para todas las mujeres es largo y complejo, pero la Convención de Belém do Pará nos ha brindado un mapa, una guía para avanzar en la dirección correcta. El compromiso de los Estados, la movilización de la sociedad civil y la valentía de las mujeres que alzan la voz son fundamentales para hacer realidad el sueño de un mundo más justo e igualitario. No podemos bajar la guardia, debemos seguir luchando hasta que la violencia contra las mujeres sea solo un triste recuerdo del pasado.

Fuente: El Heraldo de México